domingo, 30 de agosto de 2020

Feliz Apocalipsis - El Secreto Más Grande del Vaticano


Antes de que llegue mamá Censura y arrase con todo, como es su costumbre, me propongo contar cómo he llegado a la misma conclusión que Joseph Gregory Hallett o Stewart Swerdlow, acerca de cuál es uno de los mayores secretos del Vaticano, si no el mayor; porque hay una enorme variedad de secretos para elegir, no me cabe duda.

En estos vídeos del canal Bizion: 1 - 2, han doblado al castellano una entrevista hecha a Joseph Gregory Hallett, el supuesto rey legítimo de la corona británica, ejerciendo en su puesto y activo desde hace unos pocos meses. En dicha entrevista, King Joseph relata cómo la corona británica cayó en las garras de los banqueros Rothschild al arruinarse tras la batalla de Waterloo, siendo desde entonces un cascarón, más bien una fachada para los experimentos genéticos y sociales de los banqueros. La rama monárquica legítima marchó a Nueva Zelanda donde siguió conservando su historia y sus genes hasta el momento actual, en el que el rey Joseph ha asumido los cargos que le corresponden, (pendientes de ratificar con las ceremonias correspondientes según explica), heredando la corona británica, el asiento papal del Vaticano y el de Mesías o Cristo del estado de Israel.

En los primeros minutos del vídeo, el rey Joseph afirma que el secreto más grande del Vaticano es que hubo dos Jesús: sorprendente, como poco.

Esta misma historia es narrada también por un sobreviviente del Proyecto Montauk, Stewart Swerdlow. En esta entrevista que le hace Steve Locse a Stewart, éste explica cómo fue enviado al pasado para ‘eliminar’ a Jesús, mejor dicho, a uno de los dos, al bueno, por así decir, y cómo fue incapaz de hacerlo.

Muchas teorías sobre los viajes en el espacio-tiempo describen por qué es imposible cambiar el pasado en nuestra línea temporal y qué sucede cuando se intenta: se crea una nueva línea temporal que inicia con el cambio introducido, que tendrá un recorrido incierto, quizás infinito, y que precisamente por ello se ha dejado de intentar, por entes humanos al menos. Es una creencia común en algunos ambientes alternativos, que sí se puede cambiar el sino de los tiempos, aunque se debe hacer de forma muy sutil, con inducción o sugestión, por ejemplo sembrando predicciones, revelaciones o profecías; hay mucho por descubrir en ese campo y quizás lo retome algún día.

Para mí la cuestión de los dos Jesús se remonta a la segunda mitad de los años noventa. En ese lustro sucedieron muchas cosas significativas en mi vida: compré mi primera casa, empecé a trabajar un par de días a la semana en una librería esotérica de la que era cliente habitual además de seguir a tiempo completo en una ONG y conocí al escritor José Antonio Campaña, escritor del libro "Las Semillas de Cristo", en una visita al programa radiofónico nocturno de Miguel Blanco, "Espacio en Blanco", que escuchaba asiduamente desde su inicio allá por 1987.

Tiempo después, José Antonio pasaba por la librería para ver cómo iban las ventas de su libro y trabamos una cierta amistad. Por aquel entonces, José Antonio, su pareja y su hijo vivían en Alpedrete, muy cerca de la localidad en la que estaba situada la librería y pasaba de vez en cuando por allí. En una de sus visitas me propuso hacer una prueba para ver si yo podía ser una de las 'fuentes' para su nuevo libro "El legado de las semillas de Cristo", la secuela que estaba escribiendo de su primer libro, y le dije que ¡Sí, claro!, con mi entusiasmo habitual.

Estuve varias veces en casa de José Antonio, un chalet con un patio precioso, con unas frondosas plantas de la fruta de la pasión cuya flor sugiere en su forma a los clavos de Cristo; muy apropiado, pensaba yo en aquellos momentos. En cada visita, tras comer o cenar, hacíamos una sesión, que no podría llamarse de hipnosis ni de regresión, era más bien una leve sugestión. Consistía en sentarnos ante una mesa, frente a frente, cerrando los ojos y tomándonos de las manos mientras José Antonio recitaba en voz alta un padrenuestro, lo que inevitablemente llevaba a pensar en Jesús; al menos así era en mi caso.

En una de aquellas sesiones, mi mente o mi conciencia, en vez de ir a Egipto como era mi costumbre, o mi querencia, ya que no había ninguna orientación o inducción salvo el padrenuestro, se posicionó en el cuerpo de una mujer que estaba muy cerca de Jesús. Yo veía a Jesús como un ser brillante, es decir, no veía su cara o su cuerpo de la forma habitual sino que veía una bola luminosa (más tarde supe que se puede ver a los seres humanos como bolas luminosas —bendito Castaneda—). Es por eso que no puedo describir los rasgos de Jesús, teniendo en cuenta que cada quien ve la realidad según su nivel de conciencia, o de su nivel espiritual como quiera llamársele, por lo que me alegré mucho de no tener que hacer una descripción física, que me hubiera llevado una eternidad.

Cuando le dije a José Antonio que estaba con Él, en un día soleado, en un gran campo de sembradío en barbecho rodeado de árboles, creo que algarrobos, lleno de personas, cientos, calculé a ojímetro, que esperaban oír sus palabras, me pidió que le dijese que él estaba allí, que Él ya lo conocía y que quería preguntarle si iba a estar con él en el próximo viaje que iba a realizar para promocionar el libro. Me acerqué a Jesús y él me miró, entonces le trasladé mentalmente la pregunta indicada y, cómo explicarlo, pues ni modo, ¡la bola luminosa se echó a reír! Fue una carcajada completamente feliz y desinhibida a la que mi cuerpo físico, sentado a la mesa con J.A., respondió con otra carcajada muy similar. La lógica reacción de José Antonio fue preguntar:

—¿Qué te ha dicho?

Hasta aquí mi experiencia con Jesús. Me reservo algunas cosas por supuesto, pero es cuanto puedo contar. Más tarde, en aquella misma sesión, tras haber perdido la conexión con el Jesús luminoso, José Antonio me indicó que lo buscase de nuevo, a lo que mi mente respondió trasladándose hasta una playa. Era de noche y había una figura humana, ahora sí, sentada, abrazando sus rodillas mirando al mar. Era una figura masculina que mi mente identificó como Jesús, tenía el cabello largo, oscuro y ligeramente ondulado. Me acerqué a Él rodeándole por su izquierda y me lo quedé mirando a la cara por un breve instante. Tenía el rostro hermoso y equilibrado, yo sabía que Él sabía de mi presencia aunque no me mirase directamente. Mi mente se centró en sus ojos ¡Ojos negros! que miraban al horizonte hacia el mar y desprendían una profunda tristeza, puede que fuera nostalgia o soledad. Quise saber qué estaba sintiendo y por qué lo sentía, y mi consciencia entró a través de su ojo izquierdo, traspasándolo como si fuera una partícula de polvo y encontrando en su interior un universo completo, profundo y oscuro como sus ojos.

José Antonio iba preguntándome qué sucedía en mi experiencia y yo le iba relatando cuanto veía, no sin cierta resistencia —pues hubiera deseado completar mi viaje sin interrupciones—: que veía a Jesús por detrás, que miraba al mar, que vestía una túnica oscura, que tenía los ojos negros... —¡Sal de ahí, ese es el Otro! —gruñó José Antonio—. Naturalmente, mi mente se ofuscó y se acabó la magia de la experiencia. No entendí, ni le pregunté el porqué de su reacción, simplemente hice mis suposiciones.

Años más tarde, supe de los dos Jesús a través de Stewart Swerdlow. Ya sabía de su supuesta familia numerosa a través de “Caballo de Troya” de  J.J. Benítez y del libro de “Urantia”. He leído mucho sobre Él de muchos otros autores: Andreas Faber-Kaiser, Christopher Moore, Robert Graves y de muchísimos otros, pero hasta la confirmación del rey Joseph, la cuestión del ‘Jesús doble’ había permanecido en mi mente en un limbo de incertidumbre.

Ahora puedo decir que de algún modo conozco a los dos hermanos: el negro y el blanco, el bueno y el malo, pero no termino de saber por qué el Jesús de los ojos negros debe ser el malo. No vi ni sentí nada malo en Él, a pesar de la advertencia de José Antonio, nada más una tristeza infinita que yo misma siento cuando pienso en la situación de la humanidad.

   
 
¡Ah, y Feliz Apocalipsis!

2 comentarios:

  1. Quitando la paja y la literatura estoy bastante de acuerdo con el Pr Malanga. Los movimientos culturales Este-Oeste, Norte-Sur su produjeron desde milenios antes de lo que se lee en los libros de texto y continuan ahora. El concepto de trinidad y sus atributos es uno de ellos. Y con él el de dios, bien-mal, el durmiente y el salvador y por su puesto el de Kristo-Krishna. Eso los escritores lo saben muy bien, y lejos de deformar la historia cada nuevo texto la enriquece, aunque mezclen UFOs con Elfos.
    Salud!

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    1. También concuerdo con él y contigo, cada nuevo escritor que habla de la vida de Jesús, va añadiendo su pastillita de Avecrem al guiso, haciéndolo un brebaje repugnante indigerible, una selva de teorías a la que hay que ir con machete. ¿Cuántos Jesús hubo? pues uno e infinitos; tantos como personas. Del discurso del Dr. Malanga extraigo un par de reflexiones clave: una, que la crucifixión fue un método para mantenernos anclados en la culpa y dos, que si haces las paces contigo mismo ¡Tadá! todo se pacifica afuera; magia potagia.

      Salud y gracias por la visita!

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