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miércoles, 11 de octubre de 2023

Conferencias — Tu doble cuántico por Jean-Pierre Garnier Malet


«Intento enseñar una noción nueva del tiempoaccesible a todos y aprobada científicamente».

Jean-Pierre Garnier Malet


Toda la información sobre el desdoblamiento del tiempo, los libros y conferencias de Jean-Pierre en la página web

    

sábado, 9 de septiembre de 2023

Jim Humble, el hombre que más vidas ha salvado por Andreas L. Kalcker

 


Este es el homenaje que le hace Andreas Kalcker a Jim Humble, el descubridor del MMS, la sustancia que más vidas ha salvado. Hasta siempre, Dr. Humble, que su bondad se esparza como semillas en el aire. Gracias por su vida. Hasta siempre.

    

martes, 14 de marzo de 2023

Documentales — Jaque mate a la corrupción judicial



Documental de Miguel Rix sobre el Juez Presencia. Con: Fernando Presencia, Lidia Reina, Albert Portabella, Alberto Royuela, Santiago Royuela, Juan Martínez Grasa y Álvaro Arteaga. Con música original de Cristina Muneta.


   

viernes, 15 de abril de 2022

Qué fue de Julian Assange...

 

El aniversario de la detención del responsable de Wikileaks impulsa los reclamos y campañas para impedir su extradición a Estados Unidos, mientras su defensa intenta evitar que «enfrente cargos penales por publicar información veraz».

13 abril 2022 06:16

El tercer aniversario del arresto del ciberactivista y fundador de WikiLeaks, Julian Assange, impulsa los reclamos y campañas en redes para impedir su extradición a Estados Unidos, mientras su equipo de defensa señaló que continuarán luchando para evitar que «enfrente cargos penales por publicar información veraz». El australiano de 50 años fue arrestado desde la Embajada de Ecuador en Londres el 11 de abril de 2019 para enfrentar la justicia estadounidense por cargos de espionaje por la publicación de WikiLeaks de registros militares y cables diplomáticos estadounidenses confidenciales.

Desde entonces se encuentra recluido en una prisión de alta seguridad en Belmarsh, al sureste de Londres, y el mes pasado se casó con la abogada y pareja a largo plazo Stella Moris desde dentro de los muros. Este lunes, tres años después, la Alianza de Medios, Entretenimiento y Artes de Australia solicitó al Gobierno federal -ahora interino antes de las elecciones del 21 de mayo-, que utilice sus vínculos con Washington y Londres para poner fin a la extradición y retirar los 18 cargos contra a él.

Continúa...

          

miércoles, 10 de febrero de 2021

Libros - El Señor de los Anillos


Ilustración de Alan Lee

"Cinco días antes de mi partida para esta arriesgada empresa, hace once días, y casi a esta misma hora, oí la llamada del cuerno. Parecía venir del norte pero apagada, como si fuese solo un eco en la mente, un presagio funesto pensamos que era mi padre y yo, pues no habíamos tenido ninguna noticia de Boromir desde su partida y ningún vigía de nuestras fronteras lo había visto pasar. Y tres noches después, me aconteció otra cosa más extraña aún.

Era la noche y yo estaba sentado junto al Anduin, en la penumbra gris bajo la luna pálida y joven, contemplando la corriente incesante y las cañas tristes que susurraban en la orilla. Es así como siempre vigilamos las costas en las cercanías de Osiriath, ahora en parte en manos del enemigo, y donde se esconden antes de saquear nuestro territorio. Pero era media noche y todo el mundo dormía. Entonces vi, o me pareció ver, una barca que flotaba sobre el agua gris y centelleante, una rara y pequeña barca de proa alta, y no había nadie en ella que la remase o la guiase. Un temor misterioso me sobrecogió. Una luz pálida envolvía la barca, pero me levanté y fui hasta la orilla y entré en el río, pues algo me atraía hacia ella. Entonces la embarcación viró hacia mí y flotó lentamente al alcance de mi mano.

Yo no me atreví a tocarla, se hundía en el río como si llevase una carga pesada. Y me pareció cuando pasó bajo mis ojos que estaba casi llena de un agua transparente y que de ella emanaba aquella luz y que sumergido en el agua dormía un guerrero. Tenía sobre las rodillas una espada rota, y vi en su cuerpo muchas heridas, era Boromir, mi hermano, muerto. Reconocí los atavíos, la espada, el rostro tan amado. Una única cosa eché de menos, el cuerno, y vi una sola que no conocía, un hermoso cinturón de hojas de oro engarzadas que le ceñía el talle. ¡Boromir! Grité, ¿dónde está tu cuerno?, ¿adónde vas, oh, Boromir? Pero ya no estaba."

"El Señor de los anillos" Libro IV capítulo 5. "Una ventana al oeste", J. R. R. Tolkien, 1954
 

   

jueves, 15 de octubre de 2020

Guía del Autoestopista Espiritual - El Molde del Hombre. Última parte

 

"Después de relatarle a don Juan lo que recordaba, le pregunté acerca de algo que acababa de parecerme terriblemente extraño.

Obviamente, para poder ver el molde del hombre mi punto de encaje se había movido. El recuerdo de los sentimientos y entendimientos que me sucedieron entonces era tan vívido que me dio una sensación de absoluta futilidad. Sentía ahora todo lo que había hecho y sentido en aquel entonces. Le pregunté cómo era posible que, habiendo tenido una comprensión tan clara la hubiera olvidado de manera tan completa. Era como si nada de lo que me ocurrió en aquella ocasión importara, puesto que siempre tenía que partir del punto número uno, a pesar de lo que hubiera podido avanzar en el pasado.

-Esa es sólo una impresión emocional -dijo-. Una equivocación total. Lo que hayas hecho hace años está, sólidamente contenido en algunas emanaciones sin usar. Por ejemplo, ese día en que te hice ver el molde del hombre, yo mismo tuve una verdadera equivocación. Pensé que si lo veías, podrías entenderlo. Fue un auténtico malentendido de mi parte.

Don Juan explicó que siempre creyó que su mentalidad era lenta, sabía que le costaba aprender, pero nunca tuvo realmente la oportunidad de poner a prueba su creencia, porque nunca tuvo un punto de referencia fuera de sí mismo. Cuando aparecí yo y se convirtió en maestro, algo totalmente nuevo para él, se dio cuenta de que a lo mejor no era tan lento como creía. También llegó a entender que no hay manera de acelerar la comprensión, y que desalojar el punto de encaje no es suficiente para comprender.

Como el punto de encaje se mueve normalmente durante los sueños, a veces a posiciones extraordinariamente distantes, siempre que experimentamos un cambio inducido todos somos expertos en compensarlo de inmediato. De manera constante restablecemos nuestro equilibrio y la actividad prosigue como si nada nos hubiera sucedido. Comentó que el valor de las conclusiones de los nuevos videntes no se vuelve evidente hasta que uno trata de mover el punto de encaje de otra persona.

Los nuevos videntes dijeron que, en este respecto lo que cuenta es el esfuerzo para fortalecer la estabilidad del punto de encaje en su nueva posición. Consideraban que éste era el único procedimiento de enseñanza que valía la pena discutir. Y sabían que es un largo proceso que tiene que llevarse a cabo poco a poco, a paso de tortuga. Don Juan me aclaró que de acuerdo a una recomendación de los nuevos videntes, había usado plantas de poder al principio de mi aprendizaje.

A través de su experiencia y de su ver, ellos sabían que las plantas de poder sacuden al punto de encaje, alejándolo enormemente de su posición normal. En principio, el efecto de las plantas de poder sobre el punto de encaje es muy parecido al efecto que producen los sueños: los sueños lo mueven mínimamente, pero las plantas de poder logran moverlo en una escala gigantesca. Un maestro usa los efectos desorientados de tal movimiento para reforzar la noción de que la percepción del mundo jamás es final.

Recordé entonces que había visto el molde del hombre en otras cinco ocasiones, de una manera muy parecida a la primera. Después de cada una de ellas, me sentí menos apasionado con Dios. Sin embargo, nunca pude sobreponerme al hecho de que siempre veía a Dios como un varón. Al final, la sexta vez que lo vi dejó de ser Dios para mí, y se convirtió en el molde del hombre, no debido a lo que dijera don Juan, sino porque la posición de un Dios varón se volvió insostenible. Pude entender entonces las primeras aseveraciones de don Juan. No fueron para nada blasfemas o sacrílegas, porque no las hizo desde el contexto del mundo cotidiano. Tenía razón en decir que los nuevos videntes se encontraban en ventaja por ser capaces de ver el molde del hombre cuantas veces quisieran. Pero la verdadera ventaja era que tenían la sobriedad para poder examinar lo que veían.

Le pregunté por qué veía yo el molde del hombre como un varón.

Dijo que se debía a que, en ese momento, mi punto de encaje no poseía la estabilidad para permanecer completamente pegado a su nueva posición, y se movía lateralmente, en la banda del hombre. Era el mismo caso que ver la barrera de la percepción como una pared de niebla. Lo que hacía moverse lateralmente al punto de encaje era un deseo casi inevitable, o una necesidad, de presentar lo incomprensible en términos que nos resulte familiar: una barrera es una pared y el molde del hombre sólo puede ser un hombre. Pensaba que si yo hubiera sido mujer, hubiera visto al molde como una mujer.

Don Juan se levantó y dijo que era hora de que fuéramos al centro del pueblo, porque yo tenía que ver el molde del hombre entre la gente. En silencio, caminamos hacia la plaza, pero antes de que llegáramos sentí una oleada de energía incontenible y corrí por la calle hasta las afueras del pueblo. Llegué a un puente, y precisamente allí, como si me estuviera esperando, vi al molde del hombre como una cálida y resplandeciente luz ambarina. Caí de rodillas, no tanto por devoción, sino en una reacción física ante el asombro reverente. La visión del molde del hombre era más sorprendente que nunca. Sin arrogancia alguna, sentí que había experimentado un cambio enorme desde la primera vez que lo vi. Sin embargo, todas las cosas que había visto y aprendido sólo me dieron una apreciación más grande y más profunda del milagro que tenía frente a los ojos.

Al principio, el molde del hombre estaba sobrepuesto al puente, luego algo en mí se agudizó y vi que, hacia arriba y hacia abajo, el molde del hombre se extendía hasta el infinito; el puente no era más que un pequeñísimo armazón, un pequeñísimo bosquejo sobrepuesto a lo eterno. Eso eran también las minúsculas figuras de personas que se movían a mi alrededor, mirándome con descarada curiosidad. Pero yo sentía estar más allá de su alcance, aunque nunca estuve en una situación tan vulnerable. El molde del hombre no tenía poder para protegerme o compadecerse de mí, y sin embargo yo lo amaba con una pasión que no conocía límites.

Pensé entender entonces algo que don Juan me dijo una y otra vez, que el verdadero afecto no puede ser una inversión. Con toda felicidad, me hubiera convertido en sirviente del molde del hombre, no por lo que pudiera darme, porque no tiene nada que dar, sino por el absoluto afecto que sentía por él.

Tuve la sensación de algo que me jalaba, alejándome de aquel lugar, y antes de desaparecer de su presencia le grité una promesa al molde del hombre, pero una gran fuerza me arrebató antes de que pudiera terminar lo que quería decir.

De pronto, me encontré de rodillas en el puente, mientras un grupo de gente local me miraba riéndose. Don Juan llegó a mi lado y me ayudó a incorporarme y juntos caminamos de vuelta a la casa.

-Hay dos maneras de ver el molde del hombre -comenzó don Juan en cuanto nos sentamos-. Lo puedes ver como un hombre o lo puedes ver como una luz. Eso depende del movimiento del punto de encaje. Si el movimiento es lateral, el molde es un ser humano; si el movimiento ocurre en la sección media de la banda del hombre, el molde es una luz. El único valor de lo que has hecho hoy es que tu punto de encaje se desplazó en la sección media.

Dijo que la posición en la que uno ve el molde del hombre es muy cercana a aquella en que aparecen el cuerpo de ensueño y la barrera de la percepción. Esa era la razón por la que los nuevos videntes recomendaban ver y comprender el molde del hombre.

-¿Estás seguro de entender lo que es realmente el molde del hombre? -me preguntó con una sonrisa.

-Le aseguro, don Juan, que estoy perfectamente consciente de lo que es el molde del hombre - dije.

-Cuando llegué al puente te oí gritarle insensateces al molde del hombre -dijo con una sonrisa en extremo maliciosa.

Le dije que me sentí como un sirviente inservible que adoraba a un amo inservible, y sin embargo un afecto absoluto me llevó a jurar amor eterno. Todo le pareció chistoso y se rio hasta que empezó a ahogarse.

-La promesa de un sirviente inservible a un amo inservible es inservible -dijo y volvió a ahogarse de risa.

No sentí necesidad de defender mi posición. Mi afecto por el molde del hombre fue ofrecido sin reserva, sin pensar en recompensas. No me importaba que mi promesa fuera inservible."

"El fuego interno", Carlos Castaneda, 1984

Guía del Autoestopista Espiritual - Del Molde del Hombre. 1ª Parte


«Después del almuerzo, don Juan y yo nos sentamos a hablar. Comenzó sin preámbulo alguno. Anunció que habíamos llegado al final de su explicación. Dijo que ya había discutido conmigo todas las verdades del estar consciente de ser descubiertas por los antiguos videntes. Recalcó que ahora yo conocía el orden en el que los nuevos videntes las dispusieron. Dijo que en las últimas sesiones de su explicación me dio una relación detallada de las dos fuerzas que ayudan a mover nuestros puntos de encaje: el levantón de la tierra y la fuerza rodante. Explicó también las tres técnicas desarrolladas por los nuevos videntes: acecho, intento y ensueño, y sus efectos sobre el movimiento del punto de encaje.

»—Ahora —prosiguió—, lo único que te queda por hacer para completar la explicación de la maestría del estar consciente de ser es romper por tu cuenta la barrera de la percepción. Sin ayuda de nadie, tienes que mover tu punto de encaje y alinear otra gran banda de emanaciones. Si no llegas a lograr esto, todo lo que has aprendido y has hecho conmigo será mera plática, simplemente palabras. Y las palabras valen poco.

»Explicó que al moverse el punto de encaje y al alcanzar cierta profundidad, rompe una barrera e interrumpe momentáneamente su capacidad para alinear emanaciones. Experimentamos esa ruptura e interrupción como un vacío perceptual. Ese momento era llamado la “pared de niebla” por los antiguos videntes, porque aparece un banco de niebla cada vez que el alineamiento de emanaciones da un traspié. Dijo que hay tres maneras de tratar con esto. Se lo puede considerar de manera abstracta, como una barrera de percepción; se lo puede sentir como el acto de romper con el cuerpo entero un apretado tambor de papel; o se lo puede ver como una pared de niebla.

»A lo largo de mi aprendizaje con don Juan, me había orientado incontables veces para ver la barrera de la percepción. Al principio, me gustó la idea de una pared de niebla. Don Juan me advirtió que los antiguos videntes también prefirieron verlo de esa manera. Dijo que aportaba gran comodidad y holgura el verlo así, pero que también existía el grave peligro de convertir algo incomprensible en algo sombrío y agorero. Por lo tanto, él recomendaba dejar que las cosas incomprensibles siguieran siendo incomprensibles, en vez de convertirlas en parte del inventario de la primera atención. Después de un fugaz momento de alivio al ver la pared de niebla tuve que estar de acuerdo con don Juan en que era mejor dejar que el periodo de transición fuera una abstracción incomprensible, pero para entonces me resultaba imposible romper lo que mi conciencia había logrado. Cada vez que era colocado en posición de romper la barrera de la percepción, veía la pared de niebla.

»En el pasado, en cierta ocasión, me quejé con don Juan y Genaro de que aunque quería verla como otra cosa, no podía cambiar. Don Juan comentó que eso era comprensible porque yo era así tan mórbido y sombrío como los antiguos videntes, y que en este respecto él y yo éramos muy diferentes. Él era alegre y práctico y no adoraba el inventario humano. Yo, por otra parte, no quería deshacerme de mi inventario y de ahí que era pesado, siniestro e impráctico. Su áspera crítica me asombró y entristeció y me puse muy melancólico. Don Juan y Genaro rieron hasta que les corrieron lágrimas por las mejillas. Genaro agregó que además de todo eso yo era vengativo y tenía una tendencia a engordar. Se rieron con tanto deleite que finalmente me sentí obligado a unirme a ellos.

»Don Juan me dijo entonces que no importaba que viera la pared de niebla, porque tarde o temprano yo cambiaría.

»Los ejercicios de alinear emanaciones no usadas normalmente le permitían al punto de encaje ganar experiencia en moverse. Lo que sí debería preocuparme era cómo podría yo, por mí mismo, darme el empujón inicial para desalojar mi punto de encaje de su posición acostumbrada. Recalcó entonces que el alineamiento era la fuerza que tenía que ver con todo, por consiguiente, uno de sus aspectos, ‘el intento’, era lo que hacía moverse al punto de encaje. Volví a preguntarle acerca de esto.

»—Ahora estás en una posición que te permite contestarte a ti mismo esa pregunta —replicó—. Lo que le da el empujón al punto de encaje es la maestría de la conciencia. Después de todo, nosotros los seres humanos, no somos en realidad gran cosa; en esencia, somos un punto de encaje fijo en cierta posición. Si quieres moverlo toma en cuenta primero a nuestro enemigo y nuestro amigo a la vez, nuestro diálogo interno, nuestro inventario. Apaga tu diálogo interno; haz tu inventario y después deshazte de él. Los nuevos videntes hacen inventarios precisos y después se ríen de ellos. Sin el inventario, el punto de encaje se libera.

»Don Juan me recordó que me había hablado largamente acerca de uno de los aspectos más sólidos de nuestro inventario: nuestra idea de Dios. Dijo que ese aspecto era como una goma muy pegajosa que ligaba al punto de encaje a su posición original. Si yo fuera a alinear otro mundo total con otra gran banda de emanaciones, tenía que dar un paso obligatorio para poder soltar todas las amarras de mi punto de encaje.

»—Ese paso consiste en ver el molde del hombre —dijo—. Hoy tienes que hacerlo, sin ayuda de nadie.

»—¿Qué es el molde del hombre? —pregunté.

»—Te hice verlo muchas veces —contestó—. Tú sabes de lo que estoy hablando.

»Me abstuve de decir que no tenía ni la menor idea de lo que hablaba. Si decía que yo había visto el molde del hombre, debía hacerlo, aunque no tenía la más vaga noción de cómo era. Él parecía saber lo que cruzaba en mi mente. Me sonrió benévolamente y movió la cabeza de un lado a otro como si no creyera lo que yo pensaba.

»—El molde del hombre es un enorme racimo de emanaciones en la gran banda de la vida orgánica —dijo—. Se le llama el molde del hombre porque ese es el racimo que llena el interior del capullo del hombre. "El molde del hombre es la porción de las emanaciones del Águila que los videntes pueden ver directamente sin peligro alguno para ellos".

»Hubo una larga pausa antes de que volviera a hablar.

»—Romper la barrera de la percepción es la última tarea de la maestría de la conciencia —dijo—. Para poder mover tu punto de encaje a esa posición, por tu cuenta, tienes que reunir mucha energía. Haz un viaje de recuperación. ¡Recuerda lo que has hecho!

»Traté de recordar lo que era el molde del hombre. Fallé. Sentí una atroz frustración que pronto se convirtió en enojo real. Estaba furioso conmigo mismo, con don Juan, con todos. Mi furia no impresionó a don Juan. Con un tono ecuánime dijo que el enojo era una reacción natural ante la incapacidad del punto de encaje de moverse al comando.

»—Pasará mucho tiempo antes de que puedas aplicar el principio de que tu comando es el comando del Águila —dijo—. Esa es la esencia de la maestría del intento. Mientras tanto, da ahora mismo el comando de no impacientarte, ni siquiera en los peores momentos de duda. Transcurrirá un lento proceso antes de que ese comando sea escuchado y obedecido como si fuera un comando del Águila.

»Dijo también que hay una inmensurable área de conciencia entre la posición habitual del punto del encaje y la posición en la que ya no existen dudas, que por cierto es el lugar en el que se presenta la barrera de la percepción. En esa área inmensurable, los guerreros caen presa de todas las fechorías concebibles.

»Me advirtió que tenía que estar alerta y no perder la confianza, en vista de mis acciones, porque, de manera inevitable, me vería acosado en algún momento por un tenaz sentido de culpa y derrota.

»—Los nuevos videntes recomiendan un acto muy sencillo, cuando la impaciencia, o la desesperación, o el enojo, o la tristeza cruza su camino —prosiguió—. Recomiendan que los guerreros giren sus ojos. No importa en qué dirección; yo prefiero girar los míos en el sentido de las manecillas del reloj. "El movimiento de los ojos hace moverse o detenerse momentáneamente al punto de encaje. En ese movimiento encontrarás alivio. Esto se hace en sustitución de la verdadera maestría del intento".

»Me quejé de que no quedaba suficiente tiempo para que me enseñara la maestría del intento.

»—Ya te la he enseñado. Algún día habrás de recordarlo todo —me aseguró—. Una cosa desencadenará a la otra. Una palabra clave y todo saldrá de ti, como si hubiera cedido la puerta de un armario lleno a reventar.

El fuego interno, Carlos Castaneda, 1984

sábado, 26 de septiembre de 2020

Guía del autoestopista espiritual - De la energía sexual


«Hubo una extensa pausa. Los ojos de don Juan tenían un brillo intenso. Parecían contemplarme desde una gran profundidad. Sentía que cada uno de sus ojos era un punto de brillantez independiente. Por un instante pareció estar luchando contra una fuerza invisible, un fuego interior que quería consumirlo. Pasó con rapidez y don Juan siguió hablando.

»—La calidad de conciencia de cada ser individual —continuó— depende del grado en que las emanaciones en grande se amalgaman con las de adentro.

»Después de una larga interrupción, don Juan siguió explicando. Dijo que los videntes vieron que la conciencia de ser crece desde el momento de la concepción, se enriquece con el proceso de vivir. Dijo que, por ejemplo, los videntes ven cómo la conciencia de ser de un insecto o la de un hombre crece de maneras asombrosamente diferentes, pero con igual consistencia.

»—¿La conciencia de ser se desarrolla a partir del momento de la concepción o a partir del momento de nacer? —pregunté.

»—A partir del momento de la concepción —contestó—. Yo siempre te he dicho que la energía sexual es algo de extrema importancia y que debe ser controlada y usada con mucho tino. Nunca te gustó esa proposición porque crees que yo hablo de control en términos de moralidad; control para mí significa el ahorro y la recanalización de la energía.

»Don Juan miró a Genaro. Genaro asintió con la cabeza.

»—Genaro te va a contar lo que decía nuestro benefactor, el nagual Julián, acerca del ahorro y la recanalización de la energía sexual —me dijo don Juan.

»—El nagual Julián decía que el sexo era un asunto de energía —comenzó Genaro—. Por ejemplo, él nunca tuvo problemas, porque tenía energía hasta en los dedos gordos de los pies. Pero a mí me echó una sola mirada y de inmediato prescribió que mi chile era solo para orinar. Me dijo que yo no tenía suficiente energía para el sexo. Dijo que mis padres habían estado demasiado aburridos y cansados cuando me hicieron, que yo era el resultado de una cogida muy aburrida, y que así nací, aburrido y cansado. El nagual Julián recomendaba que la gente como yo jamás tuviera relaciones sexuales, a fin de que pudiéramos almacenar la poca energía que tenemos.

»A Silvio Manuel y a Emilio les dijo lo mismo. Vio que los demás compañeros tenían suficiente energía. No eran el resultado de cogidas aburridas. Les dijo que podían hacer lo que quisieran con su energía sexual, pero les recomendó que se controlaran y que entendieran que el comando del Águila es que el fulgor de la conciencia de ser se da a través del acto sexual. Todos le dijimos que habíamos entendido y que estábamos de acuerdo.

»Un día, sin aviso alguno y con la ayuda de su propio benefactor, el nagual Elías, abrió la cortina del otro mundo, y sin vacilaciones, nos empujó a todos adentro. Con excepción de Silvio Manuel, casi nos morimos todos allí. No tuvimos un ápice de energía para resistir el impacto del otro mundo. A excepción de Silvio Manuel, nadie había seguido la recomendación del nagual Julián.

»—¿Qué es la cortina del otro mundo? —le pregunté a don Juan.

»—Pues ya lo dijo Genaro, es una cortina —contestó don Juan—. Y como siempre, te estás desviando de tema.

»Estamos hablando de que el Águila ordenó que la energía sexual se use para crear vida. A través de la energía sexual, el Águila otorga la conciencia de ser. Por eso cuando los seres conscientes realizan el acto sexual, las emanaciones que están dentro de sus capullos hacen lo mejor que pueden para conferirle conciencia al nuevo ser que están creando.

»Dijo que durante el acto sexual, las emanaciones contenidas en los capullos de ambos participantes sufren una profunda agitación, cuyo punto culminante es una unión, una fusión de dos pedazos de energía consciente, uno de cada participante, que se separan de sus capullos.

»—El acto sexual es siempre una donación de conciencia aunque ese regalo no se consolide y cree un nuevo ser viviente —agregó—. Las emanaciones que están dentro del capullo de los seres humanos no saben del acto sexual sólo como placer.

»Desde su silla al otro lado de la mesa, Genaro se inclinó hacia mí y me habló en voz baja, moviendo la cabeza para hacer énfasis.

»—El nagual te está diciendo la verdad —dijo guiñándome el ojo—. Esas emanaciones realmente no saben nada.

»Don Juan hizo un esfuerzo por no reírse y agregó que la falacia del hombre es actuar con total desdén por el misterio de la existencia y creer que el sublime acto de conceder vida y conciencia es simplemente un impulso físico que uno puede distorsionar a voluntad.

»Genaro hizo gestos sexuales obscenos, girando sus caderas, una y otra vez. Don Juan asintió con la cabeza y dijo que eso era exactamente lo que el hombre hacía. Genaro le dio las gracias por reconocer su única contribución a la explicación de dicho tema.

»A carcajadas me dijeron que yo estaría riéndome con ellos si supiera lo serio que era para su benefactor la explicación de la energía sexual.

»Lpregunté a don Juan qué significado tenía todo esto para el hombre en el mundo cotidiano.

»—¿Te refieres a lo que está haciendo Genaro? —me preguntó fingiendo seriedad.

»El regocijo de los dos siempre era contagioso. Tardaron mucho tiempo en calmarse. Su nivel de energía era tan alto que, a su lado, yo parecía viejo y decrépito.

»—Realmente no sé —me contestó finalmente don Juan—. Todo lo que sé es que para los guerreros la única energía que poseemos es la energía sexual, dadora de vida. Este conocimiento los fuerza a darse cabal cuenta de su responsabilidad.

»"Si los guerreros quieren tener la suficiente fuerza para ver, tienen que volverse avaros con su energía sexual.”

»Esa fue la lección que nos dio el nagual Julián. Nos empujó adentro de lo desconocido, y todos casi nos morimos. Puesto que todos nosotros queríamos ver, tuvimos que abstenernos de desperdiciar nuestra energía sexual. Ya antes le había escuchado expresar esa creencia. Cada vez que lo hacía, entrábamos en una acalorada discusión. Siempre me sentía obligado a protestar lo que yo consideraba ser una actitud puritana hacia el sexo. Nuevamente, volví a objetar. Ambos se rieron hasta que se les saltaron las lágrimas.

»—¿Qué puede hacerse con la sensualidad natural del hombre? —le pregunté a don Juan.

»—Nada —contestó—. La sensualidad del hombre no tiene nada de malo. Lo que está mal es la ignorancia que obliga al hombre a pasar por alto su naturaleza mágica. Es un error desperdiciar la fuerza dadora de vida y no tener hijos, pero también es un error no saber que al tener hijos uno disminuye el fulgor de la conciencia.

»—¿Cómo saben los videntes que al tener hijos, uno disminuye el fulgor de la conciencia?

»—Los videntes ven que, al tener un hijo, el fulgor de la conciencia de los padres disminuye mientras que el de la criatura aumenta. En algunos padres débiles y nerviosos, ese fulgor desaparece casi por completo. Conforme los niños ensanchan su conciencia, crece también en el capullo luminoso de los padres una mancha oscura, en el mismo lugar de donde se desprendió el fulgor que dio vida a esos niños. Generalmente está en la parte media del capullo. A veces, esas manchas incluso pueden verse como si estuvieran pegadas al cuerpo.

»Le pregunté si había algo que se pudiera hacer para darle a la gente común y corriente una comprensión más equilibrada de lo que es el fulgor de la conciencia.

»—No se puede hacer nada —dijo—. Por lo menos, no hay nada que los videntes puedan hacer. Los videntes aspiran a ser libres, a ser testigos sin prejuicios, testigos incapaces de juzgar; de lo contrario tendrían la responsabilidad de implantar un nuevo ciclo más ajustado. Nadie puede hacer eso. Un nuevo ciclo, si hubiera de surgir, tendría que surgir por sí mismo.


El fuego interno, Carlos Castaneda, 1984

   

lunes, 27 de julio de 2020

Guía del autoestopista espiritual - La Regla del Nagual de Tres Puntas - Introducción



"Desde temprana edad, la tendencia reflexiva de mi carácter me llevó a buscar una explicación sobre quién soy y cuál es mi propósito en la vida. Basado en ese interés, en cierta ocasión un compañero de estudios me informó de que Carlos Castaneda iba a dar una plática privada en casa de un amigo suyo, y que yo podía asistir si quería. Me quedé encantado con la invitación, pues hacía tiempo que esperaba una oportunidad así.

Castaneda era un famoso antropólogo, autor de varios libros sobre la cultura de los antiguos mexicanos. En ellos cuenta que, siendo aún un estudiante en la Universidad de California, fue a hacer un trabajo de campo entre los indios yaquis, al norte de México, a fin de aprender sobre las plantas medicinales que ellos utilizaban.

En uno de sus viajes se encontró con un viejo yerbero que tenía fama de hechicero, quien se le presentó como Juan Matus. Con el paso del tiempo, el anciano lo tomó como aprendiz y le introdujo en una dimensión totalmente desconocida para el hombre moderno: la sabiduría tradicional de los antiguos videntes toltecas, comúnmente conocida como "brujería" o "nagualismo".

En una docena de libros, Carlos relata una relación de maestro y aprendiz que duró trece años. En ese tiempo, fue sometido a un arduo entrenamiento que le llevó a corroborar personalmente los fundamentos de esa extraña cultura. Las experiencias adquiridas durante su aprendizaje terminaron haciendo que el joven antropólogo sucumbiera a la fascinación del conocimiento y fuera absorbido por el sistema de creencias que estudiaba. Este desenlace le alejó bastante de sus metas originales.

"Nagualismo" era el nombre que daban los brujos del México antiguo a su sistema de creencias. De acuerdo con la historia, aquellos hombres estaban profundamente interesados en su relación con el Universo, a tal grado, que se dieron a la tarea de investigar los límites de la percepción a través del uso de plantas alucinógenas que les permitían cambiar los niveles de conciencia. Después de practicar durante generaciones, algunos de ellos empezaron a ver, es decir, a percibir el mundo, no como una interpretación, sino como un flujo constante de energía.

El nagualismo consiste en un conjunto de técnicas diseñadas para alterar la percepción cotidiana, produciendo fenómenos psíquicos y físicos de extraordinario interés. Por ejemplo, la tradición mexicana afirma que un nagual es capaz de transformarse en un animal, pues ha aprendido a soñarse a sí mismo en una forma diferente de la de ser humano. Detrás de esta creencia popular está el hecho de que los brujos exploran su subconsciente con el propósito de arrojar luz sobre aquel ámbito desconocido de nuestro ser.

El nagualismo fue durante años una práctica socialmente aceptada, tal como entre nosotros lo es la religión o la ciencia. Con el tiempo, sus postulados ganaron en abstracción y síntesis, convirtiéndose en una especie de propuesta filosófica, cuyos practicantes llevaron el nombre de toltecas.

Los toltecas no eran lo que comúnmente conocemos como brujos -individuos que usan fuerzas sobrenaturales para dañar a otros- sino hombres y mujeres extremadamente disciplinados e interesados en complejos aspectos de estar conscientes.

En sus libros, Carlos se esforzó con mucho talento por adaptar el conocimiento de los naguales a nuestro tiempo, sacándolo del ambiente rural y haciéndolo accesible a personas con formación occidental. A partir de las enseñanzas de Don Juan, él definió las premisas del camino del guerrero, o el camino de la conducta impecable, consistentes en control, disciplina y esfuerzo sostenido. Una vez interiorizados, estos principios llevan al practicante a otras técnicas más complejas, cuyo objeto es percibir el mundo de una manera nueva.

Logrado esto, el estudiante está en posición de moverse por el ámbito de los sueños en forma voluntaria y consciente, tal como lo hace en su vida cotidiana. Esta técnica se complementa con lo que Don Juan denominó "el arte de acechar" o "el arte de conocerse a sí mismo", y con un ejercicio diario llamado "recapitulación", porque consiste en repasar los eventos de nuestra historia personal para encontrar su trama oculta.

Tanto el ensueño como la recapitulación hacen posible la creación del "doble energético" una entidad prácticamente indestructible, capaz de actuar por cuenta propia.

Uno de los descubrimientos más relevantes de los videntes toltecas fue que los seres humanos poseemos una configuración luminosa o campo energético en torno a nuestro cuerpo físico. Vieron que unos pocos venían con una configuración especial dividida en dos partes. A estos los llamaron naguales, es decir, "personas duplicadas". Por su particular conformación, el nagual tiene mayores recursos que el común de las gentes. También vieron que, a causa de su doblez y excepcional energía, son líderes naturales.

A partir de estos descubrimientos, fue inevitable que los videntes se estableciesen según los mandatos de la energía, organizando grupos armónicos cuyos participantes se complementan entre sí. Los guerreros de estos grupos estaban comprometidos con la búsqueda de nuevos niveles de conciencia. Con el tiempo, comenzaron a darse cuenta de que, detrás de sus prácticas y formas de organización, había una regla impersonal.

En este sentido, la regla es la descripción del diseño y los medios por los cuales pueden unirse las diversas conformaciones luminosas de la especie humana, a fin de integrar un solo organismo denominado "la partida del nagual". La meta de estos grupos es la libertad total, la evolución de la conciencia al punto de poder viajar por el océano de la energía cósmica, percibiendo todo lo que nos es accesible.

Existe una sección especial de la regla que describe cómo se entrelazan las diversas generaciones de guerreros formando linajes, y cómo los linajes se renuevan cada cierto tiempo.

A Carlos le tocó vivir una de esas etapas de renovación. Sin embargo, él mismo no entendió lo que esto significaba, hasta que recibió un mensaje que le orientó hacia la divulgación de la enseñanza.

Cuando yo lo conocí, todavía él tenía una gran reserva para con el público y trataba de mantenerse distanciado de la gente. Nuestra relación fue principalmente a través de pláticas que daba a pequeños grupos y conversaciones en privado.

Él me exigió que pasara desapercibido frente a los demás con el fin de mantener bajo control mi historia personal. Tiempo después, me confesó que esa medida poseía un sentido más profundo, pues yo tenía un compromiso con el Espíritu y debía ejecutar mi tarea cuatro años después de su partida.

Cuando le pregunté la razón de este requisito, me dijo que él sabía que su obra iba a ser obstruida por detractores que tratarían de frustrar el plan diseñado por Don Juan para una revolución de la conciencia. Mi función sería dar un testimonio del mensaje que recibí."

"Encuentros con el nagual. Conversaciones con Carlos Castaneda" Armando Torres, 2002




domingo, 7 de junio de 2020

Feliz Apocalipsis - Del Imperio



“…Sin los Fremen, sin el monopolio de la especia geriátrica por parte de la Casa de los Atreides, su dominio del poder hubiera desaparecido. Todo el poder se hubiera disuelto.  Lo sentía ya deslizarse de su mano. La gente escuchaba a aquel Predicador. Sería peligroso silenciarlo; casi tan peligroso como dejarle que siguiera predicando con palabras como las que había pronunciado hoy en la plaza. Podía ver en ellas el primer presagio de su caída, y el esquema del problema se diseñó claramente en su mente. La Bene Gesserit hubiera codificado así el problema:

Ø  Una amplia población controlada por una pequeña pero poderosa fuerza es una situación común en nuestro universo. Y nosotras conocemos las condiciones básicas en las cuales esta amplia población puede volverse contra sus guardianes:

Ø  Uno: Cuando encuentra un líder. Esta es la más terrible amenaza contra el poder; hay que mantener el control de todos los posibles líderes.

Ø  Dos: Cuando la población reconoce sus cadenas. Hay que mantener a la población ciega y sin que se haga preguntas.

Ø  Tres: Cuando la población percibe una esperanza de escapar de sus ataduras. ¡Hay que evitar a toda costa que la población crea que una tal posibilidad de escape es posible!

Alia agitó la cabeza, sintiendo que sus mejillas temblaban con la fuerza del movimiento. Las señales estaban allí, en la población. Cada informe que recibía de sus espías esparcidos a través del Imperio reforzaba esta creencia…”

"Hijos de Dune", Frank Herbert, 1976

jueves, 21 de mayo de 2020

Feliz Apocalipsis - San Andreas Matabichos



Por fin puedo comunicar los primeros resultados de los ensayos preliminares a los ensayos clínicos oficiales que están realizándose en estos momentos en muchos países de manera multicéntrica.

Este vídeo tiene como meta comprobar la eficacia del CDS ante la supuesta pandemia del coronavirus que estamos sufriendo todos en estos días, estando encerrados, obedeciendo leyes absurdas, cuando en realidad hay una solución fácil y económica.

Evidentemente van a haber voces detractoras, como de costumbre: que estos ensayos no son suficientes para comprobar académicamente la eficacia, la metodología, etc. Invitamos a estos críticos sabios de referencias gustosamente a participar en un ensayo de doble ciego, donde ellos pueden tomar los placebos... :))

La cuestión es que el dióxido de cloro o CDS sí funciona para el coronavirus y esto es un hecho irrefutable.

Ruego que difundáis los enlaces de la máxima manera posible e incluir el enlace en los comentarios de páginas webs y en los vídeos oficialistas de YouTube para ayudar a despertar a cuanta más gente mejor de esta Matrix, para empezar a tomar conciencia propia de su salud, demostrando que hemos sido engañados durante demasiado tiempo por entidades regulatorias como la OMS, FDA, EMA AEMPS, ARCSA, etc, que lo consideran peligroso cuando no ha muerto ni una sola persona por la ingestión de dióxido de cloro y cuando ellos no tienen solución dejando morir a los médicos, al personal sanitario así como a las fuerzas de seguridad y la población en general.

Este es un vídeo público y puede ser descargado y subido a vuestros propios canales de Youtube, Vimeo, Facebook, etc, con mucho gusto."

20 de mayo de 2020, Andreas Ludwig Kalcker

  

jueves, 23 de abril de 2020

Literatura - Mapa Mundi de los Libros


El listado de los libros que representan a cada país y otras cosas chulas sobre libros, aquí:


  • Afganistán: Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini
  • Albania: El general del ejército muerto, de Ismaíl Kadaré
  • Alemania: Los Buddenbrook, de Thomas Mann
  • Angola: A Gloriosa Familia, de Pepetela
  • Antillas Menores: El ancho mar de los Sargazos, de Jean Rhys
  • Arabia Saudí: Ciudades de sal, de Abderrahmán Munif
  • Argelia: El extranjero, de Albert Camus
  • Argentina: Ficciones, de Jorge Luis Borges
  • Armenia: El visionario, de Raffi
  • Australia: Cloudstreet, de Tim Winton
  • Austria: El hombre sin atributos, de Robert Musil
  • Azerbaiyán: Blue Angels, de Chingiz Abdullayev
  • Bahamas: The Measure of a Man, de Sidney Poitier
  • Bangladés: Días de amor y guerra, de Tahmima Amam
  • Bélgica: La pena de Bélgica, de Hugo Claus
  • Belice: Beka Lamb, de Zee Edgell
  • Bielorrusia: Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexievich
  • Bolivia: Raza de bronce, de Alcides Arguedas
  • Bosnia y Herzegovina: Diario de Zlata, de Zlata Filipovic
  • Botswana: La primera agencia de mujeres detectives, de Alexander McCall Smith
  • Brasil: Don Casmurro, de Machado de Assis
  • Brunei: Some Girls: My Life in a Harem, de Jillian Lauren
  • Bulgaria: Bajo el yugo, de Ivan Vazov
  • Bután: The Circle of Karma, de Kunzang Choden
  • Camboya: Se lo llevaron, de Loung Ung
  • Camerún: El viejo y la medalla, de Ferdinand Oyono
  • Canadá: Ana de las tejas verdes, de L. M. Montgomery
  • Chad: Las raíces del cielo, de Romain Gary
  • Chile: La casa de los espíritus, de Isabel Allende
  • China: Sueño en el pabellón rojo, de Cao Xueqin
  • Colombia: Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez
  • Corea del Norte: Los acuarios de Pyongyang, de Kang Chol Hwan
  • Corea del Sur: La vegetariana, de Han Kang
  • Costa Rica: La isla de los hombres solos, de José León Sánchez
  • Croacia: Café Europa, de Slavenka Drakulik
  • Cuba: Havana Bay, de Martin Cruz Smith
  • Dinamarca: La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Høeg
  • Ecuador: Huasipungo, de Jorge Icaza
  • Egipto: Entre dos palacios, de Naguib Mahfuz
  • El Salvador: Bitter Grounds, de Sandra Benítez
  • Emiratos Árabes Unidos: The Sand Fish, de Maha Gargash
  • Eslovaquia: Los ríos de Babilonia, de Peter Pišťanek,
  • Eslovenia: Alamut, de Vladimir Bartol
  • España: Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes
  • Estados Unidos: Matar un ruiseñor, de Harper Lee
  • Estonia: Verdad y justicia, de A. H. Tammsaare
  • Etiopía: Beneath the Lion’s Gaze, de Maaza Mengiste
  • Filipinas: Noli Me Tangere, de José Rizal
  • Finlandia: Soldados desconocidos, de Väinö Linna
  • Fiyi: Tales of the Tikongs, de Epeli Hau’ofa
  • Francia: El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas
  • Georgia: The Knight in the Panther’s Skin, de Shota Rustaveli
  • Grecia: La Ilíada, de Homero
  • Groenlandia: Islands, the Universe, Home, de Gretel Ehrlich
  • Guatemala: Hombres de Maíz, de Miguel Ángel Asturias
  • Guayana Francesa: Papillon, de Henri Charrière
  • Guyana: El palacio del pavo real, de Margarita Mateo Palmer
  • Haití: Breath, Eyes, Memory, de Edwige Danticat
  • Honduras: Cipotes, de Ramón Amaya Amador
  • Hungría: Eclipse of the Crescent Moon, de Géza Gárdonyi
  • Islandia: La voz, de Arnaldur Indriðason
  • India: El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy
  • Indonesia: Hijo de todos los pueblos, de Pramoedya Ananta Toer
  • Irán: Shahnameh, el Libro de los Reyes, de Ferdousí
  • Iraq: El loco de la plaza Libertad, de Hassan Blasim
  • Irlanda: Ulises, de James Joyce
  • Islas Salomón: Suremada, de Rexford T. Orotaloa
  • Israel: Amaneceres en Jenin, de Susan Abulhawa
  • Italia: La divina comedia, de Dante Alighieri
  • Jamaica: Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James
  • Japón: Kokoro, de Natsume Soseki
  • Kazajistán: The Book of Words, de Abay Qunanbayuli
  • Kenia: Pétalos de sangre, de Ngũgĩ wa Thiong’o
  • Kirguistán: Jamilia, de Chingiz Aitmatov
  • Kuwait: A Map of Home, de Randa Jarrar
  • Laos: In the Other Side of the Eye, de Bryan Thao Worra
  • Latvia: Nāvas Ena, de Rūdolfs Blaumanis
  • Líbano: The Hakawati, de Rabih Alameddine
  • Libia: Solo en el mundo, de Hisham Matar
  • Lituania: White Field, Black Sheep: A Lithuanian American Life, de Daiva Markelis
  • Luxemburgo: In Reality: Selected Poems, de Jean Portante
  • Macedonia: La hermana de Freud, de Goce Smilevski
  • Malasia: El jardín de las brumas, de Tan Twan Eng
  • Mali: Sundiata: An Epic of Old Mali, de Mamadou Kouyaté
  • Marruecos: El niño de arena, de Tahar Ben Jelloun
  • Mauritania: Silent Terror: A Journey into Contemporary African Slavery, de Samuel Cotton
  • México: Pedro Páramo, de Juan Rulfo
  • Moldavia: Siberian Education, de Nivolai Lilin
  • Mongolia: Cielo azul, de Galsan Tschinag
  • Montenegro: Montenegro, de Starling Lawrence
  • Mozambique: Tierra sonámbula, de Mia Couto
  • Myanmar: Smile as they Bow, de Nu Nu Yi
  • Namibia: Born of the Sun, de Gillian Cross
  • Nepal: Palpasa Café, de Narayan Wagle
  • Nicaragua: El país bajo mi piel, de Gioconda Belli
  • Níger: Sarraounia, de Abdoulaye Mamani
  • Nigeria: Todo se desmorona, de Chinua Achebe
  • Noruega: Hambre, de Knut Hamsun
  • Nueva Zelanda: The Bone People, de Keri Hulme
  • Omán: The Turtle of Oman, de Naomi Shihab Nye
  • Países Bajos: El descubrimiento del cielo, de Harry Mulisch
  • Pakistán: El fundamentalista reticente, de Mohsin Hamid
  • Panamá: Plenilunio, de Rogelio Sinán
  • Papúa Nueva Guinea: Death of a Muruk, de Bernard Narokobi
  • Paraguay: Yo el Supremo, de Augusto Roa Bastos
  • Perú: Lituma en los Andes, de Mario Vargas Llosa
  • Polonia: Pan Tadeusz, de Adam Mickiewicz
  • Portugal: Baltasar y Blimunda, de José Saramago
  • Puerto Rico: Cuando era puertorriqueña, de Esmeralda Santiago
  • Qatar: The Emergence of Qatar, de Habibur Rahman
  • Reino Unido: Grandes Esperanzas, de Charles Dickens
  • República Centroafricana: Batouala, de René Maran
  • República Checa: Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hašek
  • República Democrática del Congo: El antipueblo, de Sony Labou Tansi
  • República Dominicana: La maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz
  • Rumanía: El bosque de los ahorcados, de Liviu Rebreanu
  • Rusia: Guerra y paz, de León Tolstoi
  • Serbia: Diccionario Jázaro, de Milorad Pavić
  • Siria: El lado oscuro del amor, de Rafik Scahmi
  • Somalia: The Orchard of Lost Souls, de Nadifa Mohamed
  • Sri Lanka: El fantasma de añil, de Michael Ondaatje
  • Sudáfrica: Desgracia, de J. M. Coetzee
  • Sudán Sur: They Poured Fire on Us from the Sky, de Benson Deng, Alephonsion Deng, Benjamin Ajak y Judy A. Bernstein
  • Sudán: Lyrics Alley, de Leila Aboulela
  • Suecia: La saga de Gosta Berling, de Selma Lagerlöf
  • Suiza: Heidi, de Johanna Spyri
  • Surinam: The Cost of Sugar, de Cynthia McLeod
  • Tailandia: Four Reigns, de Kukrit Pramoj
  • Taiwán: Green Island, de Shawna Yang Ryan
  • Tanzania: Desertion, de Abdulrazak Gurnah
  • Tayikistán: Hurramabad, de Andrei Volos
  • Timor Este: La redundancia del valor, de Timothy Mo
  • Turkmenistán: The Tale of Aypi, de Ak Welsapar
  • Turquía: Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk
  • Ucrania: Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov
  • Uganda: Crónicas abisinias, de Moses Isegawa
  • Uruguay: Fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano
  • Uzbekistán: Chasing the Sea, de Tom Bissell
  • Vanuatu: Black Stone, de Grace Mera Molisa
  • Venezuela: Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos
  • Vietnam: El dolor de la guerra, de Bao Ninh
  • Yemen: The Hostage, de Zaid Mutiee Damaj
  • Zambia: Scribbling the Cat: Travels with an African Soldier, de Alexandra Fuller
  • Zimbabue: La casa del hambre, de Dambudzo Marechera

Mención aparte merecen estas gentes que nos leen los libros. Nos permiten disfrutar de unas maravillosas historias mientras hacemos cosas ordinarias. Cocinar, limpiar o hacer la compra en compañía de los Fremen o del mago Gandalf es una experiencia casi mística. Nunca un trabajo estuvo tan poco agradecido. Muchas, muchísimas gracias.

  
  

¡Ah, y Feliz Apocalipsis!