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viernes, 5 de enero de 2024

Libros - Verdad frente a falsedad del doctor David R. Hawkins

Quiero empezar este año nuevo de la mejor manera posible, elevando mi conciencia cuanto pueda para, en la medida de mi capacidad, contribuir con algo de luz sobre las permanentes tinieblas de este mundo. En resumen, el año 2023 ha sido bastante aleccionador, lo que traducido quiere decir duro, bastante duro en todos y cada uno de los aspectos que interesan. Y, a su vez, esto ha contribuido a que desempolvase antiguas lecturas y que pasasen a ser temas de estudio en vez de meras distracciones para la mente. Los libros de Carlos Castaneda, Drunvalo Melchizedek, Armando Torres y David R. Hawkins, principalmente, han fungido de tabla salvavidas para afianzarme en la zozobra de mi mente, acosada por todo tipo de fantasías —propias y en exceso, quizás—, y de las «noticias» leídas, vistas y escuchadas por todas partes.

Si sienten algún interés en el crecimiento personal y/o espiritual, les recomiendo encarecidamente los libros del Dr. Hawkins, y de entre ellos, el titulado Verdad frente a falsedad. Muchas terapias y fórmulas sanadoras han nacido del contenido espectacular de este libro. En combinación con el método del Dr. Hamer de la Nueva Medicina Germánica, es un arma de destrucción masiva de enfermedades físicas y psíquicas, por poner un ejemplo.

No digo más, les dejo el texto de la contracubierta del libro por si necesitan que alguien más cualificado que yo les anime a esta excelente lectura:

«La crisis de credibilidad, el desprestigio y especialmente la corrupción azotan a múltiples instituciones y estamentos de nuestra sociedad. En el marco de esta situación, la ambición del Dr. Hawkins —diferenciar entre verdad y falsedad— no puede ser más oportuna.

»Según el propio autor, esta confusión entre verdad y falsedad solo se debe a la propia estructura de la mente humana, que es ingenua, crédula y está ciega a sus propias limitaciones. Tiende a ser incapaz de distinguir entre sus propias proyecciones y deseos de que algo sea real, y lo que es verdaderamente real.

»En el marco de esta investigación, el hallazgo clave de Hawkins es el tránsito del contenido al contexto, del punto de vista personal al punto de vista de la totalidad (el campo). Esto le permitió crear una herramienta con la que evaluar múltiples aspectos de nuestra cultura y civilización. La amplitud de los temas tratados es abrumadora: desde política y jurisprudencia hasta películas de cine o las principales religiones.

»Tenemos muchos motivos para sentirnos agradecidos por las contribuciones del doctor Hawkins en su empeño de elevar el nivel de conciencia de la humanidad.



jueves, 26 de octubre de 2023

Guía del autoestopista espiritual — De estar consciente de Ser

 


«En sus enseñanzas para el lado izquierdo, don Juan dejó entrever lo que él, don Genaro y sus otros compañeros realmente eran y lo que hacían conmigo. No me enseñaban brujería ni encantamientos: me enseñaban las tres partes de un antiquísimo conocimiento que poseían; ellos llamaban a esas tres partes estar consciente de ser, acecho e intento. Y no eran brujos; eran videntes. Y don Juan no solo era vidente, sino que también era un nagual.

[...]

»Aunque él sentía que estaba unido —de un modo inextricable— a aquella antigua tradición, se consideraba a sí mismo como uno de los videntes de un nuevo ciclo. Cuando una vez le pedí que me describiera las características esenciales de los videntes del nuevo ciclo, lo primero que dijo fue que son los guerreros de la libertad total. Luego explicó que son maestros de estar consciente de ser, del acecho y del intento; que la muerte no los alcanza como alcanza al resto de los seres humanos. Los guerreros de la libertad total eligen el momento y la manera en que han de partir de este mundo. En ese momento se consumen con un fuego interno y desaparecen de la faz de la Tierra, libres, como si jamás hubieran existido.

El fuego interno, 1984
 Carlos Castaneda


    

lunes, 22 de agosto de 2022

iVoox - La Caída.


La Caída es un relato escrito (y rechazado) para la convocatoria de Terror Prehistórico de Distri-Aslogh, que podéis descargar en este enlace. Corregido por Francisco Santos Muñoz, escritor al que admiro, y del que podéis comprar sus obras en Amazon. Esta historia está inspirada en la experiencia de Carlos Castaneda con un tigre de dientes de sable que relata en uno de sus libros, si mal no recuerdo, en «El fuego interno». Narrado por el magnífico Indrid Cold, el mejor tigre de dientes de sable que se pudiera encontrar, y del que pueden escuchar sus originales y aterradoras historias en su canal de iVoox Espanto.

Espero que lo disfruten tanto como lo hago yo. Desde que recibí esta grabación, se ha convertido en mi favorita de todos los tiempos, y es una lástima que no se reflejen las escuchas propias en el contador del canal, porque saltarían todas las alarmas por abuso. 

Gracias, Indird, una vez más.

La Caída en iVoox .

sábado, 20 de noviembre de 2021

NODENS || Señor del Gran Abismo |▶ H. P. LOVECRAFT 🐙 y MITOS DE CTHULHU 🌌

 

🤨 Algunos de los Dioses del Panteón Lovecraftiano pueden sorprender al lector desprevenido por su aparente sencillez. 🕵️‍️ Descubre ahora qué secretos oculta esta deidad de aspecto tan venerable, incluida en los MITOS de CTHULHU 🐙 y el Horror Cósmico 🌌 iniciado por H. P. LOVECRAFT.

 

🧭 EL MITONAUTA 🐙 Una exploración literaria por el macrocosmos creado por Howard Phillips Lovecraft y su Círculo de autores consagrados.

viernes, 24 de septiembre de 2021

Las Cenizas de Welles - Reseña

 

«Hay poesías que son universos, tan grandes y complejas como el conjunto de los planteas, y sin embargo, a veces tan pequeñas, tan sutiles, como un simple gesto o una mirada de complicidad.  Morrigang nos trae ambas realidades, una caricia que en sus manos se convierte en zarpa, un huracán de sentimientos, que nos revuelve por dentro y que al mismo tiempo, puede llegar a ser comedido, como la simple contemplación de las estrellas, un día cualquiera, tumbado en la arena de la playa.

»Y así, la autora nos ofrece una poesía libre, arriesgada, con garra, pasión y un estilo singular y propio, que nos emociona. De lo general a lo particular, nos reduce en esta obra, o al menos en el comienzo de la misma, a un abrazo inabarcable, el del cosmos y agranda, de igual forma, nuestra perspectiva, como seres mortales pero cognoscentes, a través de unas huellas, que al caminar, son una prueba inequívoca de nuestra asombrosa pero vulnerable existencia.

»Y por medio de esa conciencia omnisciente, nos hace reflexionar, invitándonos a las grandes preguntas, pero de una manera distinta, absolutamente personal e intransferible. Una fuente de sabiduría inagotable, con fuerza, una experiencia única de la que nadie debería sentirse indiferente.

»Un viaje lunar, mirando a las estrellas, que nos hace enormes, aunque seamos tan minúsculos o tan insignificantes como un suspiro. Un trozo de puro arte y literatura que merece la pena ser leído, y en este caso concreto, asimilado, como quién contempla por unos instantes, un trozo de cielo en mitad de la noche. Acérquense sin miedo a este microcosmos, no les decepcionará.

Reseña de Las Cenizas de Welles de los poemas incluidos en "El zahorí y otros cuentos de las profundidades", el libro que busca ver la luz de tus ojos y la corporeidad del papel. He sido nombrada ganadora como autora y obra del mes en la web de crítica literaria "Las Cenizas de Welles", gracias de nuevo amig@s, es un honor.


***


La cuenta de Ivoox Cuentos del bosque oscuro, pilotada por J.C. alias Leshii, ha tenido a bien crear este audio con varios de los poemas escritos para "El Zahorí y otros cuentos de las profundidades". Es un honor que haya dedicado su tiempo y buen hacer a estos humildes escritos. Un gran abrazo, amigo, que los hados te sean propicios.

***


El Yunque de Hefesto ha tenido a bien publicar algunos de mis poemas. Estos poemas son, además, candidatos al Primer concurso Premio Yunque de Hefesto, por lo cual me siento honrada. Podéis enviar vuestros relatos y poesías a su web y seguirlos en su cuenta de Twitter, no os defraudarán.

martes, 31 de agosto de 2021

Libros - "Out of Africa" de Isak Dinesen (Karen Blixen)

 
«El granjero dirige sus ojos lentamente por todo el horizonte. Primero hacia el este, porque será del este de donde venga la lluvia, si es que viene, y allí se ve claramente la Espiga en la constelación de Virgo. Luego al sur, para saludar a la Cruz del Sur, portera del inmenso mundo, fiel a los viajeros y amada por ellos, y más altas, bajo la huella luminosa de la Vía Láctea, Alfa y Beta en Centauro. Hacia el sudoeste resplandece en el cielo el gran Sirio, Canopo el meditativo, y hacia el oeste, sobre el fino dibujo de las colinas de Ngong, casi ininterrumpido, los adornos de radiante diamante, Rigel, Betelgeuse y Bellatrix. Finalmente se vuelve hacia el norte, porque al norte terminará por volver, donde se encuentra nada menos que con la Osa Mayor, solo que ahora está tranquilamente cabeza abajo debido a la perspectiva celeste, lo que le da un aire de chiste osuno, que alegra el corazón de los emigrantes nórdicos.
    »La gente que sueña mientras duerme por la noche siente una clase especial de felicidad que no tiene el mundo diurno, un plácido éxtasis y una ligereza de corazón que saben como la miel. También siente que la verdadera gloria del sueño reside en su atmósfera ilimitada de libertad. No la libertad del dictador, que impone al mundo su voluntad, sino la libertad del artista, que no emplea su voluntad, porque se ha librado de ella. El placer del verdadero soñador no reside en la sustancia de su sueño, sino en esto: que las cosas ocurren sin ninguna interferencia por su parte y además, completamente fuera de su control. Grandes paisajes creados por sí mismos, grandes y espléndidas vistas, ricos y delicados colores, caminos, casas que nunca ha visto y de las que nunca ha oído hablar. Aparecen extraños y son amigos o enemigos, aunque la persona que sueña no haya hecho nunca nada por ellos. Las ideas de huida y persecución son recurrentes en los sueños e igualmente propiciatorias del éxtasis. Todos dicen cosas inteligentes. Es cierto que si lo recuerda al día siguiente las cosas se borran y pierden su sentido, porque pertenecen a un plano diferente, pero tan pronto como el que sueña se tumba por la noche, el circuito se cierra y recuerda su esplendor. Durante todo el tiempo le rodea un sentimiento de inmensa libertad y le invade, como el aire y la luz, una felicidad ultraterrena. Es una persona privilegiada, alguien que no tiene nada que hacer, pero para cuyo enriquecimiento y placer se juntan todas las cosas; el rey de Tharsis le llevará sus dones. Participa en una gran batalla o en un baile y se pregunta cómo puede ser tan afortunado que participe en estos acontecimientos al tiempo que duerme. Es cuando se empieza a perder la conciencia de la libertad, cuando la idea de necesidad penetra en el mundo, cuando hay prisa y tensión en todas partes, cuando hay que escribir una carta o tomar un tren, cuando tienes que ir a trabajar, hacer que los caballos del sueño galopen o hacer que se disparen los rifles, cuando el sueño decae y se convierte en una pesadilla, que pertenece a la categoría más pobre y más vulgar de los sueños. Lo más parecido en el mundo en vigilia a un sueño es una noche en una gran ciudad donde nadie te conoce o en la noche africana. Ahí hay también una infinita libertad: ahí ocurren cosas, se forjan los destinos en torno tuyo, bulle de actividad y nada te concierne.

"Memorias de África" Isak Dinesen, 1937

    

jueves, 12 de agosto de 2021

Poesía - Luna Halcón de Sam Shepard

 


ESPÍRITU

Espíritu

Moroso

Con un nudo en la garganta

Que se sienta en las esquinas de mi habitación

Dice, «no temas»

Rompe las ventanas para respirar

Y luego se larga

Por las buenas.


EXTRAÑO

Siempre me despierto

En el cuerpo del último

Con quien he estado

Quién es este

De los brazos de vikingo

Fuertes músculos de toro

Melena hasta aquí abajo

Ya soy bastante extraño

Tal como están las cosas.


QUIÉN IBA A DECIR

Quién iba a decir que los ingleses conquistarían nuestra música. Quién iba a decir que que nuestra música conquistaría el mundo. Quién iba a decir que África conquistaría América. Quién iba a decir que los indios conquistarían a los franceses. Quién iba a decir que Bretch conquistaría la cabeza de Dylan. Quién iba a decir que el tiempo estaba de nuestro lado.


Heart of Gold

    

viernes, 30 de julio de 2021

Poesía - La verdad acerca de los monstruos de Nikita Gill

 


El trabajo de Gill fue publicado por primera vez cuando tenía doce años. Su trabajo fue rechazado 137 veces para su publicación. Gill ha publicado seis volúmenes de poesía, incluyendo Your Soul Is A River (2016), Wild Embers: Poems of rebellion, fire and beauty (2017), Fierce Fairytales: & Other Stories to Stir Your Soul (2018), Great Goddesses: Life lessons from myths and monsters (2019), Your Heart Is The Sea (2019) y The Girl and the Goddess (2020). Su trabajo ofrece reflexiones sobre el amor y re-relatos feministas de cuentos de hadas y mitos griegos. Se ha inspirado en las obras de Sylvia Plath, la Dra. Maya Angelou y Robert Frost. Ha escrito cuentos y actualmente está trabajando en una novela. Escribió e interpretó su trabajo debut para el escenario, Doncellas, Mitos y Monstruos. Es embajadora del Día Nacional de la Poesía. Gill aparece regularmente en la BBC, contribuyendo en Woman's Hour en Radio Four, Free Thinking en Radio Three y BBC Asian Network.


Fuente: Wikipedia.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Libros - El Señor de los Anillos


Ilustración de Alan Lee

"Cinco días antes de mi partida para esta arriesgada empresa, hace once días, y casi a esta misma hora, oí la llamada del cuerno. Parecía venir del norte pero apagada, como si fuese solo un eco en la mente, un presagio funesto pensamos que era mi padre y yo, pues no habíamos tenido ninguna noticia de Boromir desde su partida y ningún vigía de nuestras fronteras lo había visto pasar. Y tres noches después, me aconteció otra cosa más extraña aún.

Era la noche y yo estaba sentado junto al Anduin, en la penumbra gris bajo la luna pálida y joven, contemplando la corriente incesante y las cañas tristes que susurraban en la orilla. Es así como siempre vigilamos las costas en las cercanías de Osiriath, ahora en parte en manos del enemigo, y donde se esconden antes de saquear nuestro territorio. Pero era media noche y todo el mundo dormía. Entonces vi, o me pareció ver, una barca que flotaba sobre el agua gris y centelleante, una rara y pequeña barca de proa alta, y no había nadie en ella que la remase o la guiase. Un temor misterioso me sobrecogió. Una luz pálida envolvía la barca, pero me levanté y fui hasta la orilla y entré en el río, pues algo me atraía hacia ella. Entonces la embarcación viró hacia mí y flotó lentamente al alcance de mi mano.

Yo no me atreví a tocarla, se hundía en el río como si llevase una carga pesada. Y me pareció cuando pasó bajo mis ojos que estaba casi llena de un agua transparente y que de ella emanaba aquella luz y que sumergido en el agua dormía un guerrero. Tenía sobre las rodillas una espada rota, y vi en su cuerpo muchas heridas, era Boromir, mi hermano, muerto. Reconocí los atavíos, la espada, el rostro tan amado. Una única cosa eché de menos, el cuerno, y vi una sola que no conocía, un hermoso cinturón de hojas de oro engarzadas que le ceñía el talle. ¡Boromir! Grité, ¿dónde está tu cuerno?, ¿adónde vas, oh, Boromir? Pero ya no estaba."

"El Señor de los anillos" Libro IV capítulo 5. "Una ventana al oeste", J. R. R. Tolkien, 1954
 

   

jueves, 19 de noviembre de 2020

Clásicos de la conspiración - Civilizaciones desaparecidas: Maya y Anasazi

“Wang calculó que, dispuestos en una formación similar, los habitantes de toda la Tierra ocuparían una superficie similar a la del distrito Huangpu de Shanghai. Portentosa como era aquella imagen, al mismo tiempo revelaba la fragilidad de la civilización”

“El problema de los tres cuerpos”, Cixin Liu, 2016



Existen múltiples teorías que explican -o tratan de explicar- la repentina desaparición de algunas civilizaciones: la maya y la anasazi son las más populares. El relato oficial, y en el que hay un consenso mayoritario por parte de los historiadores y antropólogos, viene a decir que hubo un largo tiempo de sequía, cuya consecuencia más significativa fue la falta de abastecimiento de alimentos a las grandes poblaciones, cuyos habitantes perecieron, en su mayor parte, debido a la hambruna. Los supervivientes se disgregaron por el territorio buscando su supervivencia y quedando sumamente mermadas y atomizadas, olvidando con el tiempo, que alguna vez pertenecieron a una gran civilización. Dan otras posibles explicaciones de parecidas características, ofreciendo siempre un razonamiento 'naturalista' al fenómeno: lluvias torrenciales, plagas de cualquier tipo, malas cosechas por causas indeterminadas, etc.

No son estas teorías oficiales las que atraen mi atención sino las esotéricas, las místicas y conspiranoicas. Son las que mejor explican, sin dudas ni cabos sueltos, lo que les sucedió a los maya y anasazi.

Una es la del ex-currito, ex-esclavo, ex-esbirro o ex-cobaya del programa espacial secreto del cabal: Solar Warden, Corey Goode. Corey afirma haber estado en contacto con seres de la civilización maya durante el tiempo que permaneció en el programa "20 And Back", en el que te escogen en tu tierna infancia por alguna cualidad específica, la de Corey es ser empático-intuitivo, te entrenan durante el tiempo escolar, te secuestran, te llevan a una base de la Luna, hacen una copia de tu cuerpo físico que mantienen en estasis y te mandan por esos mundos de dios a leerles la mente y las intenciones a la fauna galáctica. Cuando acaba el período contratado, reingresan tu consciencia al cuerpo adolescente copiado, te borran la memoria de los veinte años y te mandan a casa pocos minutos después de haberte secuestrado, sin llegar nunca a honrar los acuerdos firmados en el contrato ¿Para qué iban a pagarle un retiro dorado a una persona que no recuerda haber trabajado para ti durante  veinte años? El truco perfecto.

Corey, -y algunos otros que también se han atrevido a hablar-, después de haber recuperado toda, o parte, de su memoria, cuenta sus andanzas con la bichería humana y alienígena, que daría para varios años de películas de ciencia-no-ficción. Uno de los relatos de Corey, es el que trata de un ser de raza maya (o cultura maya, que no se ofenda nadie) llamado Mica. Este hombre ayudó a Corey con su estado psicológico tras recuperar sus recuerdos, las cosas horrendas que hizo y que tuvo que presenciar harían que se nos pusieran los pelos de punta y dejasen en pañales a las teorías conspirativas más truculentas.

Mica le cuenta a Corey que pertenece a la cultura maya y que ésta no es originaria de la Tierra sino que fueron traídos aquí por seres benévolos y tecnológicamente avanzados para impedir que los seres que conquistaron su planeta, ubicado en nuestro vecindario solar, acabasen con su civilización para siempre. Era una forma de preservar esa semilla, por si acaso sucediera lo peor, cosa bastante probable con la agresividad con la que tratan los conquistadores a sus conquistados. Esta semilla maya plantada en la Tierra hace miles de años -en ningún momento se indica el tiempo que han vivido sobre la Tierra-, fue de nuevo trasplantada a su planeta original una vez que los conquistadores fueron expulsados de dicho planeta, quedando en la Tierra nada más que algunos residuos de la misma; las actuales poblaciones maya de la actualidad. Esta es la explicación a la desaparición del pueblo maya, pero no explica la desaparición de otras poblaciones sin parentesco ni contacto aparente como los anasazi.

Es aquí cuando la explicación que da 'El Desafiante de la Muerte', el inquilino del linaje de brujos-videntes al que perteneció Carlos Castaneda, cobra todo el sentido:



[…] “Don Juan explicó que en la cuarta compuerta del ensueño el cuerpo energético viaja a lugares concretos y específicos, y que hay tres maneras de usarla. Una es viajar a lugares concretos en este mundo, otra es viajar a lugares concretos fuera de este mundo, y otra es viajar a lugares que sólo existen en el intento de otros. Aseveró que la última era la más difícil y peligrosa de las tres, y que era, por cierto, la predilección de los brujos antiguos.”

[…] “Dijo que los brujos de su línea empezaban por mirar fijamente un simple objeto, memorizando cada uno de sus detalles. Luego cerraban los ojos y visualizaban el objeto, y después corregían su visualización con el objeto real hasta que pudieran verlo en su totalidad con los ojos cerrados.

El próximo paso en este esquema de desarrollo era ensoñar con el objeto y crear en el ensueño, desde el punto de vista de su propia percepción, la completa materialización del objeto. Este acto, dijo la mujer, era llamado el primer paso hacia la percepción total. De allí pasaban a visualizar más y más complejos artículos. Su objetivo final era que todos ellos juntos visualizaran un mundo total y después lo ensoñaran para así crear un reino totalmente real donde pudieran existir.

-Cuando cualquiera de los brujos de mi línea eran capaces de hacer eso -la mujer prosiguió-, podían fácilmente jalar a cualquiera adentro de su intento, adentro de su ensueño. Esto es lo que estoy haciendo ahora contigo, y lo que hice con todos los naguales de tu línea.

La mujer se rio como si le diera pena hacer tales aseveraciones.

-Es mejor que lo creas -dijo como si supiera que no le había creído-. Poblaciones enteras desaparecieron ensoñando de esta manera. Esa es la razón por la que te dije que la iglesia y el pueblo aquí son uno de los misterios de intentar en la segunda atención.

-Usted dijo que poblaciones enteras desaparecieron de esta manera, ¿cómo fue esto posible? -pregunté.

-Primero visualizaron y luego recrearon en su ensueño la misma escena -contestó-. Tú nunca has visualizado nada, así que para ti es muy peligroso entrar en mi ensueño.

Me advirtió que cruzar la cuarta compuerta y viajar a lugares que existen solamente en el intento de alguien era peligrosísimo, ya que cada objeto en ese ensueño tenía que ser lo máximo de lo personal.”

“El arte de ensoñar”, Carlos Castaneda, 1993


jueves, 15 de octubre de 2020

Guía del Autoestopista Espiritual - El Molde del Hombre. Última parte

 

"Después de relatarle a don Juan lo que recordaba, le pregunté acerca de algo que acababa de parecerme terriblemente extraño.

Obviamente, para poder ver el molde del hombre mi punto de encaje se había movido. El recuerdo de los sentimientos y entendimientos que me sucedieron entonces era tan vívido que me dio una sensación de absoluta futilidad. Sentía ahora todo lo que había hecho y sentido en aquel entonces. Le pregunté cómo era posible que, habiendo tenido una comprensión tan clara la hubiera olvidado de manera tan completa. Era como si nada de lo que me ocurrió en aquella ocasión importara, puesto que siempre tenía que partir del punto número uno, a pesar de lo que hubiera podido avanzar en el pasado.

-Esa es sólo una impresión emocional -dijo-. Una equivocación total. Lo que hayas hecho hace años está, sólidamente contenido en algunas emanaciones sin usar. Por ejemplo, ese día en que te hice ver el molde del hombre, yo mismo tuve una verdadera equivocación. Pensé que si lo veías, podrías entenderlo. Fue un auténtico malentendido de mi parte.

Don Juan explicó que siempre creyó que su mentalidad era lenta, sabía que le costaba aprender, pero nunca tuvo realmente la oportunidad de poner a prueba su creencia, porque nunca tuvo un punto de referencia fuera de sí mismo. Cuando aparecí yo y se convirtió en maestro, algo totalmente nuevo para él, se dio cuenta de que a lo mejor no era tan lento como creía. También llegó a entender que no hay manera de acelerar la comprensión, y que desalojar el punto de encaje no es suficiente para comprender.

Como el punto de encaje se mueve normalmente durante los sueños, a veces a posiciones extraordinariamente distantes, siempre que experimentamos un cambio inducido todos somos expertos en compensarlo de inmediato. De manera constante restablecemos nuestro equilibrio y la actividad prosigue como si nada nos hubiera sucedido. Comentó que el valor de las conclusiones de los nuevos videntes no se vuelve evidente hasta que uno trata de mover el punto de encaje de otra persona.

Los nuevos videntes dijeron que, en este respecto lo que cuenta es el esfuerzo para fortalecer la estabilidad del punto de encaje en su nueva posición. Consideraban que éste era el único procedimiento de enseñanza que valía la pena discutir. Y sabían que es un largo proceso que tiene que llevarse a cabo poco a poco, a paso de tortuga. Don Juan me aclaró que de acuerdo a una recomendación de los nuevos videntes, había usado plantas de poder al principio de mi aprendizaje.

A través de su experiencia y de su ver, ellos sabían que las plantas de poder sacuden al punto de encaje, alejándolo enormemente de su posición normal. En principio, el efecto de las plantas de poder sobre el punto de encaje es muy parecido al efecto que producen los sueños: los sueños lo mueven mínimamente, pero las plantas de poder logran moverlo en una escala gigantesca. Un maestro usa los efectos desorientados de tal movimiento para reforzar la noción de que la percepción del mundo jamás es final.

Recordé entonces que había visto el molde del hombre en otras cinco ocasiones, de una manera muy parecida a la primera. Después de cada una de ellas, me sentí menos apasionado con Dios. Sin embargo, nunca pude sobreponerme al hecho de que siempre veía a Dios como un varón. Al final, la sexta vez que lo vi dejó de ser Dios para mí, y se convirtió en el molde del hombre, no debido a lo que dijera don Juan, sino porque la posición de un Dios varón se volvió insostenible. Pude entender entonces las primeras aseveraciones de don Juan. No fueron para nada blasfemas o sacrílegas, porque no las hizo desde el contexto del mundo cotidiano. Tenía razón en decir que los nuevos videntes se encontraban en ventaja por ser capaces de ver el molde del hombre cuantas veces quisieran. Pero la verdadera ventaja era que tenían la sobriedad para poder examinar lo que veían.

Le pregunté por qué veía yo el molde del hombre como un varón.

Dijo que se debía a que, en ese momento, mi punto de encaje no poseía la estabilidad para permanecer completamente pegado a su nueva posición, y se movía lateralmente, en la banda del hombre. Era el mismo caso que ver la barrera de la percepción como una pared de niebla. Lo que hacía moverse lateralmente al punto de encaje era un deseo casi inevitable, o una necesidad, de presentar lo incomprensible en términos que nos resulte familiar: una barrera es una pared y el molde del hombre sólo puede ser un hombre. Pensaba que si yo hubiera sido mujer, hubiera visto al molde como una mujer.

Don Juan se levantó y dijo que era hora de que fuéramos al centro del pueblo, porque yo tenía que ver el molde del hombre entre la gente. En silencio, caminamos hacia la plaza, pero antes de que llegáramos sentí una oleada de energía incontenible y corrí por la calle hasta las afueras del pueblo. Llegué a un puente, y precisamente allí, como si me estuviera esperando, vi al molde del hombre como una cálida y resplandeciente luz ambarina. Caí de rodillas, no tanto por devoción, sino en una reacción física ante el asombro reverente. La visión del molde del hombre era más sorprendente que nunca. Sin arrogancia alguna, sentí que había experimentado un cambio enorme desde la primera vez que lo vi. Sin embargo, todas las cosas que había visto y aprendido sólo me dieron una apreciación más grande y más profunda del milagro que tenía frente a los ojos.

Al principio, el molde del hombre estaba sobrepuesto al puente, luego algo en mí se agudizó y vi que, hacia arriba y hacia abajo, el molde del hombre se extendía hasta el infinito; el puente no era más que un pequeñísimo armazón, un pequeñísimo bosquejo sobrepuesto a lo eterno. Eso eran también las minúsculas figuras de personas que se movían a mi alrededor, mirándome con descarada curiosidad. Pero yo sentía estar más allá de su alcance, aunque nunca estuve en una situación tan vulnerable. El molde del hombre no tenía poder para protegerme o compadecerse de mí, y sin embargo yo lo amaba con una pasión que no conocía límites.

Pensé entender entonces algo que don Juan me dijo una y otra vez, que el verdadero afecto no puede ser una inversión. Con toda felicidad, me hubiera convertido en sirviente del molde del hombre, no por lo que pudiera darme, porque no tiene nada que dar, sino por el absoluto afecto que sentía por él.

Tuve la sensación de algo que me jalaba, alejándome de aquel lugar, y antes de desaparecer de su presencia le grité una promesa al molde del hombre, pero una gran fuerza me arrebató antes de que pudiera terminar lo que quería decir.

De pronto, me encontré de rodillas en el puente, mientras un grupo de gente local me miraba riéndose. Don Juan llegó a mi lado y me ayudó a incorporarme y juntos caminamos de vuelta a la casa.

-Hay dos maneras de ver el molde del hombre -comenzó don Juan en cuanto nos sentamos-. Lo puedes ver como un hombre o lo puedes ver como una luz. Eso depende del movimiento del punto de encaje. Si el movimiento es lateral, el molde es un ser humano; si el movimiento ocurre en la sección media de la banda del hombre, el molde es una luz. El único valor de lo que has hecho hoy es que tu punto de encaje se desplazó en la sección media.

Dijo que la posición en la que uno ve el molde del hombre es muy cercana a aquella en que aparecen el cuerpo de ensueño y la barrera de la percepción. Esa era la razón por la que los nuevos videntes recomendaban ver y comprender el molde del hombre.

-¿Estás seguro de entender lo que es realmente el molde del hombre? -me preguntó con una sonrisa.

-Le aseguro, don Juan, que estoy perfectamente consciente de lo que es el molde del hombre - dije.

-Cuando llegué al puente te oí gritarle insensateces al molde del hombre -dijo con una sonrisa en extremo maliciosa.

Le dije que me sentí como un sirviente inservible que adoraba a un amo inservible, y sin embargo un afecto absoluto me llevó a jurar amor eterno. Todo le pareció chistoso y se rio hasta que empezó a ahogarse.

-La promesa de un sirviente inservible a un amo inservible es inservible -dijo y volvió a ahogarse de risa.

No sentí necesidad de defender mi posición. Mi afecto por el molde del hombre fue ofrecido sin reserva, sin pensar en recompensas. No me importaba que mi promesa fuera inservible."

"El fuego interno", Carlos Castaneda, 1984

Guía del Autoestopista Espiritual - El molde del Hombre. 2ª Parte

 

«Regresó después a la discusión del molde del hombre.

»Dijo que verlo por mi cuenta, sin ayuda de nadie, era un paso importantísimo, porque todos nosotros tenemos ciertas ideas que deben ser rotas antes de que seamos libres; el vidente que penetra en lo desconocido para vislumbrar lo que no se puede conocer tiene que estar en un estado de ser impecable. Me guiñó el ojo y dijo que el estar en un estado de ser impecable es estar libre de suposiciones racionales y temores racionales. Agregó que tanto mis suposiciones como mis temores me impedían, en ese momento, realinear las emanaciones que me harían recordar haber visto el molde del hombre. Me sugirió que girara mis ojos y me repitió una y otra vez que era verdaderamente importante recordarlo todo antes de verlo de nuevo. Y como el tiempo se le acababa no había cabida para mi lentitud acostumbrada.

»Siguiendo su sugerencia, moví los ojos. Casi de inmediato, olvidé mi incomodidad y de repente recordé que había visto el molde del hombre. Ocurrió eso años antes, en una ocasión bastante memorable para mí, porque desde el punto de vista de mi educación católica, don Juan hizo entonces las declaraciones más sacrílegas que jamás escuché.

»Todo empezó como una conversación amigable mientras subíamos las faldas de unas montañas en el borde del desierto sonorense. Don Juan me explicaba lo que me hacía con sus enseñanzas. Nos detuvimos a descansar y nos sentamos en unas rocas redondas. Siguió explicándome su procedimiento de enseñanza, y esto me animó a intentar, por centésima vez, hablarle de mis problemas. Resultaba evidente que ya no quería oír hablar de ello. Me hizo cambiar de niveles de conciencia y me dijo que si yo viera el molde del hombre, quizá entendería todo lo que él estaba haciendo conmigo y así nos ahorraríamos ambos años de labores.

»Me dio una explicación detallada de lo que era el molde del hombre. No habló de él en términos de las emanaciones del Águila, sino en términos de un patrón de energía que sirve para imprimir las cualidades de lo humano sobre una burbuja amorfa de materia biológica. Por lo menos así lo entendí yo, especialmente después de que me lo explicó aún más a fondo usando una analogía mecánica. Dijo que era como un gigantesco molde, un cuño que produce seres humanos uno por uno, interminablemente, como si legaran a él sobre una banda continua de producción en masa. Hizo una vívida mímica del proceso al unir con gran fuerza las palmas de sus manos, como si el cuño moldeara a un ser humano cada vez que eran unidas sus dos mitades. Dijo también que cada especie tiene su propio molde, y cada individuo de cada especie moldeado por el proceso muestra características particulares de su propia especie.

»Después empezó una elucidación extremadamente inquietante acerca del molde del hombre.

»Dijo que tanto los antiguos videntes como los místicos de nuestro mundo tienen una cosa en común, han podido ver el molde del hombre pero no entienden lo que es. A lo largo de los siglos, los místicos nos han legado conmovedores relatos de sus experiencias. Pero, por muy hermosos que sean, estos relatos se ven estropeados por el craso y desesperante error de pensar que el molde del hombre es un omnipotente y omnisciente creador; los antiguos videntes estaban igualmente errados al creer que el molde del hombre era un espíritu amistoso, un protector.

»Me aseguró que los nuevos videntes eran los únicos que tenían la sobriedad para ver el molde del hombre y para entender lo que es.

»Lo que han llegado a entender es que el molde del hombre no es un creador, sino el molde de todos los atributos humanos que podamos concebir, y de algunos que ni siquiera podemos concebir. El molde es nuestro Dios porque nos acuñó como lo que somos y no porque nos ha creado de la nada haciéndonos en su imagen y semejanza.

»Don Juan dijo que, en su opinión, el caer de rodillas en presencia del molde del hombre exuda arrogancia y autocentrismo humano.

»Conforme escuchaba la explicación de don Juan, me preocupé terriblemente.

»Aunque jamás me consideré un católico practicante, me escandalizaron sus blasfemas implicaciones. Lo estuve escuchando con atención y cortesía, pero ansiaba una pausa en su andanada de sacrilegios para poder cambiar de tema. Pero, sin tregua, siguió recalcando su punto de vista. Finalmente, lo interrumpí y le dije que yo creía en la existencia de Dios. Repuso que mi creencia estaba basada en la fe y que, como tal, era una convicción de segunda mano que no significaba nada; como la de todos los demás, mi creencia en la existencia de Dios estaba basada en un rumor que circulaba y no en el acto de ver.

»Me aseguró que aunque yo fuera capaz de ver, era seguro que cometería el mismo error de todos los místicos. Cualquiera que vea el molde del hombre supone automáticamente que es Dios. Dijo que la experiencia mística era un ver fortuito, algo que sucedía una sola vez en la vida, y que no tenía significado alguno porque era el resultado de un movimiento al azar del punto de encaje.

»Aseveró que los nuevos videntes eran realmente los únicos que podían emitir un juicio justo sobre este asunto, porque ellos eliminaron el ver fortuito y eran capaces de ver el molde del hombre cuantas veces quisieran. Por lo tanto, vieron que lo que llamamos Dios es un prototipo estático de lo humano, sin poder alguno. El molde del hombre no puede, bajo ninguna circunstancia, ayudarnos interviniendo a nuestro favor, ni puede castigarnos por nuestras maleficencias, ni recompensarnos de ninguna manera. Somos simplemente el producto de su sello, somos su impresión. El molde del hombre es exactamente lo que dice su nombre, un cuño, una forma, una moldura que agrupa a un haz particular de elementos, de fibras luminosas, que llamamos hombre.

»Lo que dijo me hundió en un estado de gran angustia. Pero no parecía preocuparle mi genuina agitación. Siguió aguijoneándome con lo que llamaba el crimen imperdonable de los videntes fortuitos, que nos hacen enfocar nuestra energía irreemplazable en algo que no tiene absolutamente ningún poder para hacer nada.

»Mientras más hablaba, más crecía mi disgusto. Cuando me vi tan molesto que estaba a punto de gritarle, me hizo entrar en un estado de conciencia acrecentada aún más profundo. Me golpeó en el lado derecho, entre la cadera y las costillas. Ese golpe me hizo remontarme hasta una luz radiante, al corazón de una diáfana fuente de la más pacífica y exquisita beatitud. Esa luz era un refugio, un oasis en la negrura que me rodeaba.

»Desde mi punto de vista subjetivo, vi esa luz durante un periodo de tiempo incalculable. El esplendor de esa visión rebasaba todo lo que pueda decir, y sin embargo no podía deducir qué era lo que la hacía tan hermosa. Me vino entonces la idea de que su belleza surgía de un sentido de la armonía, de una sensación de paz y descanso, de haber arribado, de finalmente estar a salvo. Me sentí inhalar y exhalar, con quietud y alivio. ¡Qué espléndida sensación de plenitud! Supe, sin sombra de duda, que ahora estaba cara a cara con Dios, con el origen de todo. Y sabía que Dios me amaba. Dios era amor y perdón. La luz me bañó, y me sentí limpio, liberado. Lloré incontrolablemente, sobre todo por mí mismo. La visión de esa luz resplandeciente me hizo sentirme indigno, despreciable.

»De pronto, escuché la voz de don Juan en mi oído.

»Dijo que tenía que ir más allá del molde, que el molde era simplemente una fase, un momento de respiro que le brindaba paz y serenidad transitoria a aquéllos que viajan hacia lo desconocido, pero que era estéril, estático. Era a la vez una imagen plana reflejada en un espejo y el espejo en sí. Y la imagen era la imagen del hombre.

»Resentí apasionadamente lo que decía don Juan; me rebelé contra sus palabras blasfemas y sacrílegas. Quería insultarlo, pero no podía romper el poder de retención de mi ver. Estaba atrapado en él.

»Don Juan parecía saber con exactitud cómo me sentía y lo que quería decirle. —No puedes insultar al nagual —dijo en mi oído—. Es el nagual quien te permite ver. La técnica es del nagual, el poder es del nagual. El nagual es el guía.

»Fue en ese momento en el que me di cuenta de algo acerca de la voz en mi oído. No era la voz de don Juan, aunque era muy parecida. También, la voz tenía razón. El instigador de esa visión era el nagual Juan Matus. Eran su técnica y su poder los que me hacían ver a Dios.

»Dijo que no era Dios, sino el molde del hombre; yo sabía que tenía razón. Sin embargo, no podía admitirlo, no por irritación o necedad, sino simplemente por la absoluta lealtad y el amor que yo sentía por la divinidad que estaba frente a mí.

»Mientras contemplaba la luz con toda la pasión de la que yo era capaz, la luz pareció condensarse y vi a un hombre. Un hombre brillante que exudaba carisma, amor, comprensión, sinceridad, verdad. Un hombre que era la suma total de todo lo que es bueno. El fervor que sentí al ver a ese hombre traspasaba todo la que había sentido en la vida. Caí de rodillas.

»Quería adorar a Dios personificado, pero don Juan intervino y me golpeó en la parte superior izquierda del pecho, cerca de la clavícula, y perdí de vista a Dios. Quedé presa de un sentimiento mortificante, una mezcla de remordimiento, júbilo, certezas y dudas. Don Juan se burló de mí. Me llamó piadoso y descuidado y dijo que yo podría ser un gran sacerdote, un cardenal; podía incluso hacerme pasar por un líder espiritual que había tenido una visión fortuita de Dios.

»Jocosamente, me instó a comenzar a predicar y a describirle a todos cómo era Dios. De manera muy casual pero aparentemente interesada dijo algo que era mitad pregunta, mitad aseveración.

»—¿Y el hombre? —preguntó—. No puedes olvidar que Dios es un varón.

»Mientras entraba en un estado de gran claridad, comencé a tomar conciencia de la enormidad de lo que me decía.

»—Qué conveniente, ¿eh? —agregó don Juan sonriendo—. Dios es un varón. ¡Qué alivio!

El fuego interno, Carlos Castaneda, 1984

Guía del Autoestopista Espiritual - Del Molde del Hombre. 1ª Parte


«Después del almuerzo, don Juan y yo nos sentamos a hablar. Comenzó sin preámbulo alguno. Anunció que habíamos llegado al final de su explicación. Dijo que ya había discutido conmigo todas las verdades del estar consciente de ser descubiertas por los antiguos videntes. Recalcó que ahora yo conocía el orden en el que los nuevos videntes las dispusieron. Dijo que en las últimas sesiones de su explicación me dio una relación detallada de las dos fuerzas que ayudan a mover nuestros puntos de encaje: el levantón de la tierra y la fuerza rodante. Explicó también las tres técnicas desarrolladas por los nuevos videntes: acecho, intento y ensueño, y sus efectos sobre el movimiento del punto de encaje.

»—Ahora —prosiguió—, lo único que te queda por hacer para completar la explicación de la maestría del estar consciente de ser es romper por tu cuenta la barrera de la percepción. Sin ayuda de nadie, tienes que mover tu punto de encaje y alinear otra gran banda de emanaciones. Si no llegas a lograr esto, todo lo que has aprendido y has hecho conmigo será mera plática, simplemente palabras. Y las palabras valen poco.

»Explicó que al moverse el punto de encaje y al alcanzar cierta profundidad, rompe una barrera e interrumpe momentáneamente su capacidad para alinear emanaciones. Experimentamos esa ruptura e interrupción como un vacío perceptual. Ese momento era llamado la “pared de niebla” por los antiguos videntes, porque aparece un banco de niebla cada vez que el alineamiento de emanaciones da un traspié. Dijo que hay tres maneras de tratar con esto. Se lo puede considerar de manera abstracta, como una barrera de percepción; se lo puede sentir como el acto de romper con el cuerpo entero un apretado tambor de papel; o se lo puede ver como una pared de niebla.

»A lo largo de mi aprendizaje con don Juan, me había orientado incontables veces para ver la barrera de la percepción. Al principio, me gustó la idea de una pared de niebla. Don Juan me advirtió que los antiguos videntes también prefirieron verlo de esa manera. Dijo que aportaba gran comodidad y holgura el verlo así, pero que también existía el grave peligro de convertir algo incomprensible en algo sombrío y agorero. Por lo tanto, él recomendaba dejar que las cosas incomprensibles siguieran siendo incomprensibles, en vez de convertirlas en parte del inventario de la primera atención. Después de un fugaz momento de alivio al ver la pared de niebla tuve que estar de acuerdo con don Juan en que era mejor dejar que el periodo de transición fuera una abstracción incomprensible, pero para entonces me resultaba imposible romper lo que mi conciencia había logrado. Cada vez que era colocado en posición de romper la barrera de la percepción, veía la pared de niebla.

»En el pasado, en cierta ocasión, me quejé con don Juan y Genaro de que aunque quería verla como otra cosa, no podía cambiar. Don Juan comentó que eso era comprensible porque yo era así tan mórbido y sombrío como los antiguos videntes, y que en este respecto él y yo éramos muy diferentes. Él era alegre y práctico y no adoraba el inventario humano. Yo, por otra parte, no quería deshacerme de mi inventario y de ahí que era pesado, siniestro e impráctico. Su áspera crítica me asombró y entristeció y me puse muy melancólico. Don Juan y Genaro rieron hasta que les corrieron lágrimas por las mejillas. Genaro agregó que además de todo eso yo era vengativo y tenía una tendencia a engordar. Se rieron con tanto deleite que finalmente me sentí obligado a unirme a ellos.

»Don Juan me dijo entonces que no importaba que viera la pared de niebla, porque tarde o temprano yo cambiaría.

»Los ejercicios de alinear emanaciones no usadas normalmente le permitían al punto de encaje ganar experiencia en moverse. Lo que sí debería preocuparme era cómo podría yo, por mí mismo, darme el empujón inicial para desalojar mi punto de encaje de su posición acostumbrada. Recalcó entonces que el alineamiento era la fuerza que tenía que ver con todo, por consiguiente, uno de sus aspectos, ‘el intento’, era lo que hacía moverse al punto de encaje. Volví a preguntarle acerca de esto.

»—Ahora estás en una posición que te permite contestarte a ti mismo esa pregunta —replicó—. Lo que le da el empujón al punto de encaje es la maestría de la conciencia. Después de todo, nosotros los seres humanos, no somos en realidad gran cosa; en esencia, somos un punto de encaje fijo en cierta posición. Si quieres moverlo toma en cuenta primero a nuestro enemigo y nuestro amigo a la vez, nuestro diálogo interno, nuestro inventario. Apaga tu diálogo interno; haz tu inventario y después deshazte de él. Los nuevos videntes hacen inventarios precisos y después se ríen de ellos. Sin el inventario, el punto de encaje se libera.

»Don Juan me recordó que me había hablado largamente acerca de uno de los aspectos más sólidos de nuestro inventario: nuestra idea de Dios. Dijo que ese aspecto era como una goma muy pegajosa que ligaba al punto de encaje a su posición original. Si yo fuera a alinear otro mundo total con otra gran banda de emanaciones, tenía que dar un paso obligatorio para poder soltar todas las amarras de mi punto de encaje.

»—Ese paso consiste en ver el molde del hombre —dijo—. Hoy tienes que hacerlo, sin ayuda de nadie.

»—¿Qué es el molde del hombre? —pregunté.

»—Te hice verlo muchas veces —contestó—. Tú sabes de lo que estoy hablando.

»Me abstuve de decir que no tenía ni la menor idea de lo que hablaba. Si decía que yo había visto el molde del hombre, debía hacerlo, aunque no tenía la más vaga noción de cómo era. Él parecía saber lo que cruzaba en mi mente. Me sonrió benévolamente y movió la cabeza de un lado a otro como si no creyera lo que yo pensaba.

»—El molde del hombre es un enorme racimo de emanaciones en la gran banda de la vida orgánica —dijo—. Se le llama el molde del hombre porque ese es el racimo que llena el interior del capullo del hombre. "El molde del hombre es la porción de las emanaciones del Águila que los videntes pueden ver directamente sin peligro alguno para ellos".

»Hubo una larga pausa antes de que volviera a hablar.

»—Romper la barrera de la percepción es la última tarea de la maestría de la conciencia —dijo—. Para poder mover tu punto de encaje a esa posición, por tu cuenta, tienes que reunir mucha energía. Haz un viaje de recuperación. ¡Recuerda lo que has hecho!

»Traté de recordar lo que era el molde del hombre. Fallé. Sentí una atroz frustración que pronto se convirtió en enojo real. Estaba furioso conmigo mismo, con don Juan, con todos. Mi furia no impresionó a don Juan. Con un tono ecuánime dijo que el enojo era una reacción natural ante la incapacidad del punto de encaje de moverse al comando.

»—Pasará mucho tiempo antes de que puedas aplicar el principio de que tu comando es el comando del Águila —dijo—. Esa es la esencia de la maestría del intento. Mientras tanto, da ahora mismo el comando de no impacientarte, ni siquiera en los peores momentos de duda. Transcurrirá un lento proceso antes de que ese comando sea escuchado y obedecido como si fuera un comando del Águila.

»Dijo también que hay una inmensurable área de conciencia entre la posición habitual del punto del encaje y la posición en la que ya no existen dudas, que por cierto es el lugar en el que se presenta la barrera de la percepción. En esa área inmensurable, los guerreros caen presa de todas las fechorías concebibles.

»Me advirtió que tenía que estar alerta y no perder la confianza, en vista de mis acciones, porque, de manera inevitable, me vería acosado en algún momento por un tenaz sentido de culpa y derrota.

»—Los nuevos videntes recomiendan un acto muy sencillo, cuando la impaciencia, o la desesperación, o el enojo, o la tristeza cruza su camino —prosiguió—. Recomiendan que los guerreros giren sus ojos. No importa en qué dirección; yo prefiero girar los míos en el sentido de las manecillas del reloj. "El movimiento de los ojos hace moverse o detenerse momentáneamente al punto de encaje. En ese movimiento encontrarás alivio. Esto se hace en sustitución de la verdadera maestría del intento".

»Me quejé de que no quedaba suficiente tiempo para que me enseñara la maestría del intento.

»—Ya te la he enseñado. Algún día habrás de recordarlo todo —me aseguró—. Una cosa desencadenará a la otra. Una palabra clave y todo saldrá de ti, como si hubiera cedido la puerta de un armario lleno a reventar.

El fuego interno, Carlos Castaneda, 1984

sábado, 26 de septiembre de 2020

Guía del autoestopista espiritual - De la energía sexual


«Hubo una extensa pausa. Los ojos de don Juan tenían un brillo intenso. Parecían contemplarme desde una gran profundidad. Sentía que cada uno de sus ojos era un punto de brillantez independiente. Por un instante pareció estar luchando contra una fuerza invisible, un fuego interior que quería consumirlo. Pasó con rapidez y don Juan siguió hablando.

»—La calidad de conciencia de cada ser individual —continuó— depende del grado en que las emanaciones en grande se amalgaman con las de adentro.

»Después de una larga interrupción, don Juan siguió explicando. Dijo que los videntes vieron que la conciencia de ser crece desde el momento de la concepción, se enriquece con el proceso de vivir. Dijo que, por ejemplo, los videntes ven cómo la conciencia de ser de un insecto o la de un hombre crece de maneras asombrosamente diferentes, pero con igual consistencia.

»—¿La conciencia de ser se desarrolla a partir del momento de la concepción o a partir del momento de nacer? —pregunté.

»—A partir del momento de la concepción —contestó—. Yo siempre te he dicho que la energía sexual es algo de extrema importancia y que debe ser controlada y usada con mucho tino. Nunca te gustó esa proposición porque crees que yo hablo de control en términos de moralidad; control para mí significa el ahorro y la recanalización de la energía.

»Don Juan miró a Genaro. Genaro asintió con la cabeza.

»—Genaro te va a contar lo que decía nuestro benefactor, el nagual Julián, acerca del ahorro y la recanalización de la energía sexual —me dijo don Juan.

»—El nagual Julián decía que el sexo era un asunto de energía —comenzó Genaro—. Por ejemplo, él nunca tuvo problemas, porque tenía energía hasta en los dedos gordos de los pies. Pero a mí me echó una sola mirada y de inmediato prescribió que mi chile era solo para orinar. Me dijo que yo no tenía suficiente energía para el sexo. Dijo que mis padres habían estado demasiado aburridos y cansados cuando me hicieron, que yo era el resultado de una cogida muy aburrida, y que así nací, aburrido y cansado. El nagual Julián recomendaba que la gente como yo jamás tuviera relaciones sexuales, a fin de que pudiéramos almacenar la poca energía que tenemos.

»A Silvio Manuel y a Emilio les dijo lo mismo. Vio que los demás compañeros tenían suficiente energía. No eran el resultado de cogidas aburridas. Les dijo que podían hacer lo que quisieran con su energía sexual, pero les recomendó que se controlaran y que entendieran que el comando del Águila es que el fulgor de la conciencia de ser se da a través del acto sexual. Todos le dijimos que habíamos entendido y que estábamos de acuerdo.

»Un día, sin aviso alguno y con la ayuda de su propio benefactor, el nagual Elías, abrió la cortina del otro mundo, y sin vacilaciones, nos empujó a todos adentro. Con excepción de Silvio Manuel, casi nos morimos todos allí. No tuvimos un ápice de energía para resistir el impacto del otro mundo. A excepción de Silvio Manuel, nadie había seguido la recomendación del nagual Julián.

»—¿Qué es la cortina del otro mundo? —le pregunté a don Juan.

»—Pues ya lo dijo Genaro, es una cortina —contestó don Juan—. Y como siempre, te estás desviando de tema.

»Estamos hablando de que el Águila ordenó que la energía sexual se use para crear vida. A través de la energía sexual, el Águila otorga la conciencia de ser. Por eso cuando los seres conscientes realizan el acto sexual, las emanaciones que están dentro de sus capullos hacen lo mejor que pueden para conferirle conciencia al nuevo ser que están creando.

»Dijo que durante el acto sexual, las emanaciones contenidas en los capullos de ambos participantes sufren una profunda agitación, cuyo punto culminante es una unión, una fusión de dos pedazos de energía consciente, uno de cada participante, que se separan de sus capullos.

»—El acto sexual es siempre una donación de conciencia aunque ese regalo no se consolide y cree un nuevo ser viviente —agregó—. Las emanaciones que están dentro del capullo de los seres humanos no saben del acto sexual sólo como placer.

»Desde su silla al otro lado de la mesa, Genaro se inclinó hacia mí y me habló en voz baja, moviendo la cabeza para hacer énfasis.

»—El nagual te está diciendo la verdad —dijo guiñándome el ojo—. Esas emanaciones realmente no saben nada.

»Don Juan hizo un esfuerzo por no reírse y agregó que la falacia del hombre es actuar con total desdén por el misterio de la existencia y creer que el sublime acto de conceder vida y conciencia es simplemente un impulso físico que uno puede distorsionar a voluntad.

»Genaro hizo gestos sexuales obscenos, girando sus caderas, una y otra vez. Don Juan asintió con la cabeza y dijo que eso era exactamente lo que el hombre hacía. Genaro le dio las gracias por reconocer su única contribución a la explicación de dicho tema.

»A carcajadas me dijeron que yo estaría riéndome con ellos si supiera lo serio que era para su benefactor la explicación de la energía sexual.

»Lpregunté a don Juan qué significado tenía todo esto para el hombre en el mundo cotidiano.

»—¿Te refieres a lo que está haciendo Genaro? —me preguntó fingiendo seriedad.

»El regocijo de los dos siempre era contagioso. Tardaron mucho tiempo en calmarse. Su nivel de energía era tan alto que, a su lado, yo parecía viejo y decrépito.

»—Realmente no sé —me contestó finalmente don Juan—. Todo lo que sé es que para los guerreros la única energía que poseemos es la energía sexual, dadora de vida. Este conocimiento los fuerza a darse cabal cuenta de su responsabilidad.

»"Si los guerreros quieren tener la suficiente fuerza para ver, tienen que volverse avaros con su energía sexual.”

»Esa fue la lección que nos dio el nagual Julián. Nos empujó adentro de lo desconocido, y todos casi nos morimos. Puesto que todos nosotros queríamos ver, tuvimos que abstenernos de desperdiciar nuestra energía sexual. Ya antes le había escuchado expresar esa creencia. Cada vez que lo hacía, entrábamos en una acalorada discusión. Siempre me sentía obligado a protestar lo que yo consideraba ser una actitud puritana hacia el sexo. Nuevamente, volví a objetar. Ambos se rieron hasta que se les saltaron las lágrimas.

»—¿Qué puede hacerse con la sensualidad natural del hombre? —le pregunté a don Juan.

»—Nada —contestó—. La sensualidad del hombre no tiene nada de malo. Lo que está mal es la ignorancia que obliga al hombre a pasar por alto su naturaleza mágica. Es un error desperdiciar la fuerza dadora de vida y no tener hijos, pero también es un error no saber que al tener hijos uno disminuye el fulgor de la conciencia.

»—¿Cómo saben los videntes que al tener hijos, uno disminuye el fulgor de la conciencia?

»—Los videntes ven que, al tener un hijo, el fulgor de la conciencia de los padres disminuye mientras que el de la criatura aumenta. En algunos padres débiles y nerviosos, ese fulgor desaparece casi por completo. Conforme los niños ensanchan su conciencia, crece también en el capullo luminoso de los padres una mancha oscura, en el mismo lugar de donde se desprendió el fulgor que dio vida a esos niños. Generalmente está en la parte media del capullo. A veces, esas manchas incluso pueden verse como si estuvieran pegadas al cuerpo.

»Le pregunté si había algo que se pudiera hacer para darle a la gente común y corriente una comprensión más equilibrada de lo que es el fulgor de la conciencia.

»—No se puede hacer nada —dijo—. Por lo menos, no hay nada que los videntes puedan hacer. Los videntes aspiran a ser libres, a ser testigos sin prejuicios, testigos incapaces de juzgar; de lo contrario tendrían la responsabilidad de implantar un nuevo ciclo más ajustado. Nadie puede hacer eso. Un nuevo ciclo, si hubiera de surgir, tendría que surgir por sí mismo.


El fuego interno, Carlos Castaneda, 1984