No soy la reina de nadie
Ni la emperatriz
Ni la princesa...
No soy sumisa, ni esclava
Ni siquiera mensajera
Pero si estás perdido y me miras
Reencontrarás tu senda.
Soy, sin trabajo ni esfuerzo
Una solitaria estrella.
No soy la reina de nadie
Ni la emperatriz
Ni la princesa...
No soy sumisa, ni esclava
Ni siquiera mensajera
Pero si estás perdido y me miras
Reencontrarás tu senda.
Soy, sin trabajo ni esfuerzo
Una solitaria estrella.
Luchas, peleas, ganas, pierdes
Entretenido en sordideces
Pasa la vida sin darte cuenta
Desperdicias el tiempo enconado
En asuntos intrascendentes
Cuando te das cuenta del truco
Sabes que has tenido la vida que mereces
Soltarse chirría, duele, quema
Percibes la cara de la muerte
La fiel consejera
Que te dice con sorna
Que volver a intentarlo es cuánto queda.
Mil veces derrotada, jamás vencida
Cada batalla librada es una semilla
Un hilo invisible que ata a una vida
A otras, a la mía.
Se avecina tempestad en lontananza
Esconderé mis huesos en la parroquia
Cubriré mis úlceras con rígidos mantos
Oraré al Dios degenerado que encarroña las esperanzas
Pues la Diosa de la guerra ganará, y hará chanzas.
He buscado tantas veces
El otro punto de vista
Ponerme en sus zapatos
Estar en segundo plano
Sacrificarme, no molestar
Que se ha vuelto cotidiano
Y aunque me sangran los ojos
He adquirido la habilidad
De ver hacia el otro lado
El fondo, las estructuras
Que ahora me preguntan
Me piden consejo
Se admiran, barruntan
Y creen que nací así
Un refugio para necios
El oráculo de los locos
Y no saben que conecto
Con la fuente de todo
Y que un día, vestido de cuervo
Me oirán decir: nunca más.
Transito por el lodo del engaño
Sirvo a un Dios extraño y manipulador
Me siento culpable, esa es la clave de su dominación
El Señor de las Decepciones vive en los escombros de mi desesperación
No hay luz al final del túnel, solo el resplandor de una ciudad de ruinas
Infestada de sueños rotos, de llantos y de amores perdidos
De gente que no quiso ser amada pues esperaba la perfección
De rencorosos que alquilan habitaciones a fantasmas
De inútiles que creyeron en la adulación
La Luna está llena de selenitas
De abortos y disfraces de ocasión
Siempre hay sitio para los impedidos
Para lisiados emocionales incapaces de escoger
Entre lo salvaje y la domesticación
Con la losa de la duda a la espalda
Esclavos fieles a su perversión
Pescando tranquilos en aguas infectas
Sacando provecho de algún inferior
Reyes tuertos de quienes no quieren ver
Aventajados, ladinos, tramposos
Muñendo en su parcelita de Purgatorio
Las medias tintas nos vienen bien
Malviviendo en la incertidumbre
Sin decidirse a continuar
Sometidos, drogados, enfermos
Aburridos, sedados, amorfos
Turbios, borrosos, imprecisos
Cansados, temerosos de cambiar
Esperando siempre el desastre
La demolición del suelo a nuestros pies
La Luna, reina triste de los sueños rotos
Tiene mucho que ofrecer.
Yo soy la ve, no la que ejecuta tu mal. La que te avisa de la iniquidad de quien con agujas atraviesa tu corazón y te quiebra el cuello con saña, de quien te cela y te odia y estorba a tu libertad. Comparto el destino de Casandra: te amo y me amas, pero entre nosotros se interpone la incomprensión. Observo a través del velo que enturbia tu vida, pero no puedo hablarte, pues te arrebataría la oportunidad de descubrir el subterfugio por ti mismo; el caballo de Troya que espera a tus puertas. No formularé profecías que jamás entenderás.
Qué mal se me da la vida
Qué inepto para el amor
A pesar de mi torpeza
¿Me harás un lugar en tu corazón?
Aprendiste más de la vida que de
los libros. Y la vida te enseñó a tener miedo, miedo de todo, hasta de ti
mismo. Por las críticas. Por las opiniones de quienes no te quisieron conocer. Los
que te desarmaron con sus juicios y te dejaron pensado cómo es posible que
estén tan seguros de sí mismos. E imaginas que un día se atragantarán con su propio
veneno y sus lenguas se retorcerán con la ponzoña que supuran.
Pero eso jamás se ha visto. Hay personas que viven encadenadas a su propio discurso como los hay que mueren de espanto al
comprender que se han quedado sin tiempo: que solo les queda un minuto.
Que se perdieron mirando a otro lado en vez de a sí mismos. Actores
de una tragedia, dioses venidos a menos, nadies desorientados en un bosque
de sombras, entre ideas de amores, mentiras y compromisos.
Te estrujas a ver si te queda
coraje, las últimas fuerzas que te permitan componer un reclamo intrigante, un
truco para llamar su atención y dejarles un recuerdo perenne en lugar del vacío
en que te has convertido. Pero estás ensimismado en el sentimentalismo del
funeral. No eres más que un abismo. Te han puesto el traje negro de la
invisibilidad. Adiós, para siempre esta vez. Un Padrenuestro, un Amén y al hoyo…
Dejaste de tener influencia en el mundo; el olvido.
En lo que te queda de muerte,
rememorarás, mil veces y más, el Juicio.
—¿Sabes la diferencia entre tu opinión y una pizza? —Le respondí, con mis pupilas verticales turbias por el delirio.
—Pues no, dime.
—Que la pizza la he pedido.
Aguantaste animoso en la contienda
Soportando amenazas, masticando mentiras
Respirando el polvo de la mediocridad
Gozando cada tregua del diabólico plan.
Viajas por el derrotero de la vida
Orientado por los faros del bien y del mal
Adónde te conduzca el camino
El Destino, lo sabrá.
Vivir garantiza la decepción.
Aprender a jugar
A perder y a ganar
Sin llegar a la desesperación.
Atravesar despierto el umbral
Es el premio final
De quienes han vivido
Han ganado y han perdido
Sin agotar el ímpetu de su asombro
Y su curiosidad.
Con fantasmas incluidos
Cerca del rugiente mar
Las infortunadas tormentas
Desvelarán sus noches y sus días
Precio especial a parejas, decía el anuncio.
Al llegar nos recibieron
Con sus mejores galas
A bombo y platillo
Y en un momento, tras la caída
Trocamos en bisoños soldados
Del espectral ejército
Y al terminar nuestro entrenamiento
En los periódicos de Arkham
Apareció de nuevo un anuncio.
Del irremediable final
Bailando bajo la luz del Sol
Padre brillante y dador de vida
Somos niños procreando niños
A los que nadie enseñará a madurar
Pasando del verde al podrido
Semillas inocentes
Del declive de la humanidad.