sábado, 28 de diciembre de 2019

Guía del autoestopista espiritual - Del canto


          «…Y en verdad el comienzo del canto produjo una impresión de inmenso poder.
        
        »Con la primera sílaba, se, comenzó un lento y solemne coro de decenas y decenas de voces, cuyo sonido grave inundó las naves y aleteó por encima de nuestras cabezas, aunque al mismo tiempo pareciese surgir del centro de la tierra. Y mientras, otras voces empezaban a tejer, sobre aquella línea profunda y continua, una serie de solfeos y melismas, aquel sonido telúrico no se interrumpió: siguió dominando y se mantuvo durante el tiempo que necesita un recitante de voz lenta y cadenciosa para repetir doce veces el Ave María. Y como liberadas de todo temor, por la confianza de aquella sílaba obstinada, alegoría de la duración eterna, infundía a los orantes, las otras voces (sobre todo las de los novicios), apoyándose en aquella pétrea e inconmovible base, erigían cúspides, columnas y pináculos de neumas liquescentes que sobresalían unos por encima de los otros. Y mientras mi corazón se pasmaba de deleite por la vibración de un climacus o de un porrectus, de un torculus o de un salicus, aquellas voces parecían estar diciéndome que el alma (la de los orantes, y la mía, que los escuchaba), incapaz de soportar la exuberancia del sentimiento, se desgarraba a través de ellos para expresar la alegría, el dolor, la alabanza y el amor, en un arrebato de suavísimas sonoridades. Mientras tanto, el obstinado empecinamiento de las voces atónicas no cejaba, como si la presencia amenazadora de los enemigos, de los poderosos que perseguían al pueblo del Señor no acabara de disiparse. Hasta que, por último, aquel neptúnico tumulto de una sola nota pareció vencido, o al menos convencido, y atrapado, por el júbilo aleluyático que lo enfrentaba, y se resolvió en un acorde majestuoso y perfecto, en un neuma supino.

El nombre de la rosa, Umberto Eco, 1980

    

Guía del autoestopista espiritual - Sobre Ubik, perdón, sobre Dios



“-¿Qué es el Ubik? –preguntó Joe, deseando retenerla.

-Un bote de aerosol de Ubik –respondió la joven- consistente en un ionizador negativo portátil, con una unidad autocontenida, de alto voltaje y baja densidad, alimentado por una pila de helio de veinticuatro kilovatios de ganancia máxima. Los iones negativos reciben un giro de sentido contrario a las agujas del reloj, que les imprime una cámara de aceleración de nuevo diseño, creadora de una fuerza centrípeta tal que las partículas ganan cohesión en vez de disiparse. Un campo iónico negativo reduce la velocidad de los protofasones habitualmente presentes en la atmósfera. Al disminuir su velocidad dejan de ser protofasones y, según el principio de paridad, ya no pueden enlazarse con los protofasones irradiados por individuos conservados en friovainas, lo cual significa, al menos durante un cierto lapso de tiempo, un incremento de la intensidad del campo de actividad protofasónica… que es experimentado por el semivivo en forma de un aumento de la vitalidad y una atenuación de las sensaciones de frío, características de las temperaturas de hibernación. Por ello no le resultará difícil comprender por qué las formas degeneradas de Ubik no lograban…

-Lo de los iones negativos es una redundancia –dijo Joe de forma refleja-. Todos los iones son negativos.

La chica se alejó de nuevo.

-Espero volver a verle –dijo gentilmente-. Ha sido una satisfacción para mí traerle el aerosol. Quizá la próxima vez…

[…]

“Yo soy Ubik. Antes de que el universo existiera, yo existía. Yo hice los soles y los mundos. Yo creé las vidas y los espacios en los que habitan. Yo las cambio de lugar a mi antojo. Van donde yo dispongo y hacen lo que les ordeno. Yo soy el verbo, y mi nombre no puede ser pronunciado. Es el nombre que nadie conoce. Me llaman Ubik, pero Ubik no es mi nombre. Soy. Seré siempre.”

“Ubik”, Philip K. Dick, 1969

viernes, 13 de diciembre de 2019

Guía del Autoestopista Espiritual - Sobre la mente, crear y destruir


El mundo, la realidad en la que vivimos, es creado y sostenido por el acuerdo de nuestras mentes. Nuestra mente repite sin cuestionamientos lo único que se le ha enseñado a hacer mediante la educación -más bien domesticación o amaestramiento- y la repetición generacional y cultural de un único patrón.

La mente cree que está haciendo lo correcto y desconoce que es prisionera. No sabe que tiene un abanico de posibilidades, casi, infinitas en cuanto a lo que puede imaginar y crear. Tiene pánico a quedarse sin un amo que la guíe, aunque sepa que éste es despiadado e implacable y que la llevará sin ninguna duda a su destrucción y la enfrentará a las experiencias más horrendas.

Para escapar de la prisión y avanzar no es necesario destruir sino que debemos crear aquello a lo que aspiramos. El truco está en dejar de alimentar a la Bestia de la Costumbre. Si no le concedemos nuestra atención a las cosas ordinarias, a aquello que nos embrutece, a lo que nos es cómodo y rutinario y la enfocamos en una realidad alternativa, libre, benéfica, pacífica y amorosa; ésta aparecerá como por arte de magia.

                     
  

domingo, 17 de noviembre de 2019

Queridísima América:


A la espera de que Oliver Stone nos regale las neuronas con algún documental o película que ilustre el estado del mundo en nuestros días y, en especial, de América latina, tendremos que conformarnos con los medios oficiales y/o masivos y con algunos alternativos para tratar de conocer -aun superficialmente- lo que pasa allende el Atlántico. Buena Suerte y que la Fuerza os Acompañe.


 Los Unos



Los Otros


Y los de Más Allá



Carta abierta a todos los hermanos hispanos del continente americano por Guillermo Fesser:


"Harto de tener que navegar continuamente entre lo español y lo hispano, como si fueran realidades distintas, como si la una debiese de invitar a la vergüenza y la otra al orgullo, me decido a escribir estas líneas.

En primer lugar, quiero aclarar que odiar a España por su papel en la conquista, me parece a mí, no es bueno, ni malo, ni todo lo contrario. Solamente quisiera estar seguro de que ese odio está fundamentado y no es objeto de manipulación.

Para empezar quisiera compartir el dato histórico de que España (entonces Castilla) nunca consideró ningún territorio de América colonia, sino una nueva provincia. Esto no exime de culpas a las terribles atrocidades cometidas por carniceros, con mentalidad del siglo XVI que realizaron todo tipo de vergonzosos ultrajes contra los nativos de América; pero está plenamente documentado que los Reyes Católicos extendieron los derechos de que gozaban los habitantes de la península a los territorios de ultramar y que trataron de perseguir a quienes no mantuvieran tales principios. Otra cosa es que lo consiguieran, en una época en que, con la población diezmada por las hambrunas, la peste, y las continuas guerras con Europa, mandar “policía” a América resultaba harto complejo. Basta una rápida comparación con el supuesto imperio británico, que nunca fue un verdadero imperio, pues los imperios, como hizo el Romano con Hispania, anexionaban las culturas conquistadas a su cultura, mientras que, los británicos, simplemente se limitaron a exterminarlas). En México, en Guatemala, o en el Perú de 2019, vive mucha gente con rasgos indígenas o mezclados. En Nueva York, es imposible ver a nadie. Algunos, muchos españoles, exterminaron indígenas; pero muchos más les respetaron. Respeto, ojo, con la mentalidad de lo que significaba respeto en el siglo XVI que, tristemente, consistía básicamente en catolizar. La gran pregunta cuando uno revisa la historia no es cómo de justos fueron sus protagonistas de acuerdo a la visión actual, sino cuán justos fueron respecto al pensamiento de su época. Es muy bonito ser feminista en el siglo XXI, pero hasta el XIX ibas a la hoguera si te atrevías a comentarlo. Los valientes de hoy no necesariamente hubieran sido tan valientes en el pasado. Dicho esto, quisiera expresar mi más profunda convicción de que las guerras de independencia de los territorios de España en América no fueron en absoluto guerras de independencia. ¿Ganaron acaso Montezuma o Atahualpa? No fue ni mucho menos una guerra de liberación de los indígenas americanos de sus invasores españoles. Las independencias americanas no fueron otra cosa que una guerra civil entre españoles. Entre los que querían seguir pagando impuestos al rey en la metrópoli y los que preferían quedarse el dinero para ellos mismos. Ganaron, en nombre de los indígenas, los que querían quedarse con el dinero para ellos; las mismas familias, descendientes de españoles, que hoy siguen negándoles el pan y la sal a los indígenas. Vencedores que, para justificar ante la historia que estaban del lado de los justos (cuando sólo estuvieron y continúan estando del lado propio) demonizaron a sus hermanos españoles perdedores. Narrativa a la que sumaron los estadounidenses para darles la puntilla y justificar así la anexión imperialista de Puerto Rico, Cuba, Guam y Filipinas. Ojalá llegue un día en que todos los hispanos, descendientes de uno y otro bando, entendamos que este estúpido enfrentamiento entre nosotros solamente beneficia a los canallas. Rufianes que nos enseñaron a avergonzarnos de nuestra historia común, mostrando a Cristóbal Colón como un genocida, cuando en realidad deberíamos estar orgulloso del emprendedor que cambió la fisonomía del mundo inventando el primer internet. Lo que ocurre es que entonces Google era el inmenso océano, el ratón se apellidaba Pinzón, y a Amazon lo llamaban el galeón de Manila. Gracias a la hazaña de Colón, se conectaron por vez primera los humanos de los diferentes continentes. La caña de azúcar pasó de Asia a España y, de España, a Cuba. Los biombos del Japón llegaron a México y, de ahí, a Holanda y al imperio austriaco. Cambiaron las expectativas del mundo con Colón tanto o más que con el alunizaje de Neil Armstrong. La diferencia es que el astronauta es un héroe entre los suyos… y nosotros renegamos profundamente del nuestro. Hermanos hispanos, se nos ningunea, se nos desprecia, se abusa de nosotros, y no hallamos respuesta porque permanecemos divididos. Es tiempo de revisar la historia y decidir, de verdad, si es cierto que este odio que nos profesamos está basado en algo irremediable, o podemos encontrar ‘common ground’ y juntar una fuerza definitiva que nos ayude a conseguir una vida mejor para todos.

Como árboles, cada uno hemos desarrollado una copa diferente, con distintas ramas y follajes, pero nuestro bosque, nos guste o no, permanece anclado en las mismas raíces. ¿No podríamos empezar a disfrutarlo plantándole cara a la xenofobia y la manipulación que nos separa? Ojalá.

Así debería ser, ¿no creéis?"

Un poco más aquí.

lunes, 7 de octubre de 2019

Algo hermoso sucede cuando a los animales de granja se les permite envejecer



Cuando la fotógrafa Isa Leshko conoció por primera vez a un caballo pinto de 34 años llamado Petey, hubo algo en el amable y artrítico Appaloosa que la cautivó. Sus ojos estaban nublados por las cataratas, su capa era opaca y áspera, y se movía rígidamente mientras la seguía por el pasto. Hipnotizada por el gentil animal, Leshko corrió adentro para agarrar su cámara. "No estaba segura de por qué me sentía tan atraída por él, pero seguía tomando fotos. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había sentido este tipo de emoción mientras sostenía una cámara", dice Leshko. Leshko y su hermana habían estado cuidando a su padre, que había luchado con éxito contra el cáncer oral en etapa 4, y a su madre, que padecía de Alzheimer en estado avanzado. "Cuando revisé mis negativos de mi tarde con Petey, me di cuenta de que había encontrado una manera de examinar mi dolor y mi miedo derivados de la enfermedad de mamá, y sabía que tenía que encontrar otros animales mayores para fotografiar", dice Leshko. "No estaba pensando en embarcarme en un proyecto a largo plazo. Estaba buscando la catarsis". Más de una década después, ese encuentro con Petey ha dado como resultado el inquietante libro de Leshko, "Permitido envejecer: retratos de animales ancianos de los santuarios agrícolas" (University of Chicago Press, 2019). El trabajo presenta imágenes de caballos, vacas, pollos, cabras, cerdos y otros animales de granja que han sido rescatados y viven sus últimos días en condiciones de seguridad. "La experiencia tuvo un profundo efecto en mí y me obligó a enfrentar mi propia mortalidad", dice Leshko. "Estoy aterrorizada de envejecer, y comencé a fotografiar animales ancianos para observar este miedo. Cuando conocí a animales de granja rescatados y escuché sus historias, sin embargo, mi motivación para crear este trabajo cambió. Me apasioné al abogar por estos animales, y quería usar mis imágenes para hablar en su nombre".

Los afortunados


Violet, el cerdo barrigón, nació parcialmente paralizado. (Foto: Isa Leshko/'Permitido envejecer'). Los animales fotografiados por Leskko vivían en santuarios de animales en todo el país. Algunos habían sido abandonados durante tormentas u otros desastres naturales. Otros fueron rescatados de acaparadores u operaciones agrícolas de traspatio. Algunos fueron encontrados deambulando por las calles después escapar camino al matadero. Unos pocos eran mascotas cuyos dueños ya no podían cuidar de ellos. "Casi todos los animales de granja que conocí para este proyecto sufrieron horribles abusos y negligencias antes de su rescate. Sin embargo, es un eufemismo masivo decir que son los afortunados", dice Leshko. Y como Melissa observó en Treehugger, "La cuestión es que no tenemos la oportunidad de conocer muchos animales viejos". "Aproximadamente 50 mil millones de animales terrestres son criados en granjas en todo el mundo cada año. Es un milagro estar en presencia de un animal de granja que ha logrado llegar a la vejez. La mayoría de sus parientes mueren antes de los 6 meses. Representando la belleza y la dignidad de los animales de granja de edad avanzada, invito a la reflexión sobre lo que se pierde cuando a estos animales no se les permite envejecer".

Memorias dolorosas


Las imágenes a menudo eran emocionalmente difíciles de tomar para Leshko. "Lloré mientras fotografiaba animales, particularmente después de enterarme de los horribles traumas que sufrieron antes de ser rescatados", dice. "A veces un animal me recordaba a mi madre, que también fue doloroso". En la introducción del libro, Leshko describe el encuentro con un pavo ciego que, según ella, se parece a su madre después de volverse catatónica: "Uno de los animales que conocí para este proyecto fue un pavo ciego llamado Gandalf que vivía en "Pasado's Safe Haven" en Sultan, Washington. Debido a que era ciego, sus ojos a menudo tenían una cualidad en blanco. Era un día insoportablemente bochornoso cuando lo conoció por primera vez y Gandalf, como la mayoría de los pavos, se refrescaba al respirar con el pico abierto", escribe. "Su mirada vacía junto con su boca abierta me transportó al lado de la cama de mi madre durante sus últimos meses, cuando ella estaba catatónica. Huí del recinto de Gandalf llorando después de pasar unos momentos con él. Tomó algunas visitas más antes de que finalmente pudiera ver a Gandalf y no a mi madre cuando lo miraba a través de mi visor. Me sorprendió la naturaleza gentil y digna del pájaro, y me concentré en estos atributos mientras lo fotografiaba".

Impacto emocional



Los retratos amables y majestuosos de Leshko a menudo tienen un gran impacto en las personas que los ven. "Mucha gente llora. He recibido cientos de correos electrónicos profundamente personales de personas de todo el mundo, compartiendo conmigo su dolor por un padre moribundo o una querida mascota enferma", dice. "En las inauguraciones de exposiciones, recibo habitualmente abrazos de extraños que comparten con lágrimas sus historias de pérdida. Estoy profundamente conmovida porque mi trabajo ha afectado a las personas en un nivel tan emocional. Estoy agradecida por la efusión de amor y apoyo que he recibido para este trabajo. Pero a veces estos encuentros también han sido dolorosos, especialmente cuando ocurrieron mientras lloraba la muerte de mis padres". Las imágenes también han sido terapéuticas para Leshko. "Pasar tiempo con animales de granja que han desafiado todas las probabilidades de llegar a la vejez me ha recordado que el envejecimiento es un lujo, no una maldición", dice Leshko. "Nunca dejaré de tener miedo de lo que me depara el futuro pero quiero enfrentar mi eventual declive con el mismo estoicismo y gracia que los animales en estas fotografías han mostrado".


Sin pestañear, en detalle

Rooster from Allowed to Grow Old


Al fotografiar a sus sujetos mayores, Leshko dice que quería que fueran "inquebrantables en detalle" pero no fríos o crueles. Fotografió a la mayoría de los animales mientras yacía en el suelo a su nivel en un granero o pasto para que se sintieran más cómodos. "Los humanos son conscientes de su edad y apariencia de una manera que los animales no lo son", dice ella. "Esta es una de las razones por las que no había fotografiado a mi madre durante sus años de declive. Antes de su enfermedad, mi madre estaba muy preocupada por su apariencia y se esforzaba por verse mejor antes de salir en público". Los animales tienen diferentes razones para ocultar los signos del envejecimiento. "Algunos animales ocultan los signos de la enfermedad o se camuflan para evitar ser presas fáciles. Muchas especies alteran su apariencia física para atraer a sus parejas. Pero eso no significa que los animales sean conscientes de su apariencia de la misma manera que los humanos" dice. "Sin embargo, al editar mis imágenes para este proyecto, consideré cuidadosamente si las imágenes que seleccioné eran respetuosas con los animales que había fotografiado". Aunque iluminé sus ojos para aumentar los detalles, hice poco para cambiar lo que fotografié. "Muchos de los animales que conocí habían perdido muchos dientes y babeaban mucho. Luché sobre si incluir baba en mis imágenes, editarlas en Photoshop o elegir una imagen completamente diferente. Decidí incluirlo en mis imágenes porque no quería imponer normas antropocéntricas a estos animales. Quería respetar el hecho de que mis sujetos son animales, no humanos, y no son humanos en pieles y plumas".


Testamentos para la supervivencia y la resistencia

alpine goat


La mayoría de los animales que aparecen en el libro de Leshko murieron entre seis meses y un año después de que los fotografiara. En algunos casos, un animal murió el día después de que lo conociera. "Estas muertes no son sorprendentes dada la naturaleza de este proyecto y sin embargo han sido dolorosas". Desde que comenzó el proyecto, sus padres fallecieron, perdió dos gatos domésticos por cáncer y una amiga cercana murió después de una caída. "El dolor inicialmente inspiró este trabajo y ha sido mi compañero constante mientras he trabajado en este libro", dice Leshko, quien en lugar de sentirse desanimada por su experiencia, ha encontrado una razón para sentirse animada. "Prefiero pensar en ellos como testimonios de supervivencia y resistencia".


Isa Leshko