jueves, 3 de septiembre de 2015

Más mala ciencia


Nosotros los médicos con toda nuestra formación, conocimientos y autoridad, a menudo adquirimos un gran ego que nos hace difícil admitir que estamos equivocados. Así que, aquí está. Admito estar equivocado. Como cirujano cardíaco con 25 años de experiencia, con más de 5000 cirugías realizadas a corazón abierto, hoy ha llegado el momento de reparar el daño con hechos médicos y científicos.

Durante muchos años me capacité con otros médicos etiquetados como “formadores de opinión”. Bombardeados con literatura científica, asistiendo de forma continua a seminarios, los creadores de opinión hemos insistido en que las enfermedades del corazón son el resultado del simple hecho de tener niveles de colesterol muy elevados en la sangre.

La única terapia aceptada era prescribir medicamentos para bajar el colesterol y una dieta muy restringida en grasas. Insistimos que esto último sin duda disminuiría el colesterol y las enfermedades cardíacas. Cualquier desviación de estas recomendaciones se consideraba una herejía y podía resultar en una mala práctica médica.

¡No está funcionando!

Estas recomendaciones ya no son ni científicamente ni moralmente defendibles. El descubrimiento hace unos años atrás de que la inflamación en la pared arterial es la causa real de la enfermedad cardíaca,
está dando lugar lentamente a un cambio de paradigma en cómo se tratarán las enfermedades cardíacas y otras dolencias crónicas.

Las recomendaciones dietéticas establecidas desde hace mucho tiempo han creado epidemias de obesidad y de diabetes, consecuencias que empequeñecen cualquier otra plaga en la historia en términos de mortalidad, sufrimiento humano y de graves consecuencias económicas.

A pesar de que el 25% de la población toma costosos medicamentos a base de estatinas, y a pesar del hecho de que hemos reducido la cantidad de grasa presente en nuestra dieta, más personas morirán por enfermedades que afectan al corazón.

Las estadísticas de la American Heart Association indican que 75 millones de estadounidenses sufren enfermedades cardíacas, que 20 millones padecen diabetes y 57 millones pre-diabetes. Estos trastornos están afectando cada vez a personas más jóvenes, en mayor número cada año.

En pocas palabras, sin inflamación en el cuerpo, no es posible que se acumule colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos y se causen enfermedades cardíacas y ataques. Sin inflamación, el colesterol se mueve libremente por todo el cuerpo. Es la inflamación lo que hace que el colesterol quede atrapado.

La inflamación no es complicada- se trata simplemente de una reacción natural del cuerpo ante invasores extraños tales como bacterias, toxinas o virus. El ciclo de la inflamación es una forma de proteger al cuerpo ante invasores bacterianos y virales. Sin embargo, si exponemos al organismo de forma crónica a daños por toxinas o alimentos que el cuerpo humano no está diseñado para procesar, ocurre una condición llamada inflamación crónica.

¿Qué persona sensata se expondría de forma intencionada y en repetidas ocasiones a alimentos u otras sustancias que sabe que causan daño corporal? Bueno, quizás los fumadores, pero al toman esa decisión de manera voluntaria.

El resto nos limitamos a seguir la dieta recomendada que es baja en grasas y alta en grasas poliinsaturadas y carbohidratos, sin saber que estamos causando repetidos daños a nuestros vasos sanguíneos. Esta agresión repetida produce una inflamación crónica que conduce a la enfermedad cardíaca, a los accidentes cerebrovasculares, a la diabetes y la obesidad.

Permítanme repetir eso: la lesión e inflamación de nuestros vasos sanguíneos está causada por una dieta baja en grasas, algo recomendado durante años por la medicina convencional.

¿Cuáles son los mayores culpables de la inflamación crónica? En pocas palabras, la sobrecarga de hidratos de carbono simples y procesados (azúcar, harina y todos los productos derivados) y el exceso de consumo de aceites vegetales con omega-6, tales como aceites de soja, maíz y girasol que se encuentran presentes en muchos alimentos procesados.

Visualiza lo siguiente: un cepillo duro que se frota repetidamente sobre la piel hasta que ésta se enrojece y casi sangra. Mantienes esto varias veces al día, diariamente durante 5 años. Si pudieses tolerar este cepillado doloroso, se produciría sangrado, hinchazón de la zona infectada que cada vez sería peor a medida que repite la agresión. Esta es una buena forma de visualizar el proceso inflamatorio que podría estar pasando en tu cuerpo ahora mismo.

Independiente de dónde se produzca el proceso inflamatorio, bien interna o externamente, es lo mismo. He observado el interior de miles y miles de arterias. Una arteria enferma se ve como si alguien hubiese cogido un cepillo y lo hubiese frotado varias veces contra las paredes. Varias veces al día, todos los días, los alimentos que comemos producen pequeñas lesiones, sobre las que se producen otras, causando que el cuerpo responda de forma continua con inflamación.

A pesar de que resulta tentador el sabor de unos pasteles, nuestros cuerpos responden de forma alarmante, como si un invasor extraño llegara declarando la guerra. Los alimentos cargados con azúcar y carbohidratos simples, o procesados con omega-6 para una mayor vida útil han sido uno de los pilares de la dieta norteamericana oir seis décadas. Estos alimentos han estado envenenando lentamente a todos.

¿Cómo comiendo un simple dulce produce una cascada inflamatoria que hace que te enfermes?

Imagínate derramando miel en tu teclado y tienes una representación visual de lo que ocurre dentro de la célula. Cuando consumimos hidratos de carbono simples tales como el azúcar, los niveles de azúcar en la sangre se elevan rápidamente. Como respuesta, el páncreas secreta insulina, cuya misión principal es que el azúcar ingrese a todas las células donde se almacena para energía. Si la célula está llena y no necesita glucosa, es rechazada para evitar una disfunción de los procesos que se llevan a cabo en su interior.

Cuando tus células rechazan el exceso de glucosa, se elevan los niveles de azúcar en sangre produciendo más insulina, y la glucosa se almacena en forma de grasa.

¿Qué tiene que ver todo esto con la inflamación? La cantidad de azúcar en sangre es controlada en unos rangos muy estrechos. Las moléculas de azúcar extras se unen a una variedad de proteínas que lesionan las paredes de los vasos sanguíneos. Esta lesión repetida de las paredes de los vasos sanguíneos desencadena la inflamación. Cuando sube tu nivel de azúcar en sangre varias veces al día, todos los días, es como frotar con papel de lija el delicado interior de tus vasos sanguíneos.

Si bien no puede observarlo, puedes estar seguro de que ocurre así. Lo ví en más de 5000 pacientes sometidos a cirugía durante los 25 años que llevo ejerciendo. Todos ellos tenían un denominador común: la inflamación de las arterias.

Volvamos al asunto de los pasteles. Ese producto de inocente aspecto, no sólo contiene azúcar, sino que también está elaborados con ácidos grasos omega-6, tales como los provenientes de la soja. Las patatas fritas se fríen con aceite de soja; muchos alimentos procesados se fabrican con ácidos grasos omega-6 para que tengan más larga duración. Mientras que las grasas omega-6 son esenciales- son parte de la membrana celular controlando lo que entra y sale de la célula- deben estar en equilibrio con los omega-3.

Si este equilibrio se rompe por el consumo excesivo de ácidos grasos omega-6, la membrana de la célula produce unas sustancias químicas denominadas citoquinas, que causan directamente inflamación.

Hoy en día, la dieta tipo Americana suele producir un desequilibrio muy grande entre estos dos tipos de ácidos grasos. La relación de desequilibrio puede estar en torno a 15:1, o incluso a 30:1 en favor de los ácidos grasos omega-6. Esta es una enorme cantidad de citoquinas causando inflamación. En el ambiente alimenticio de hoy, una proporción de 3:1 sería óptimo y saludable.

Para empeorar aún más las cosas, el sobrepeso que estás acarreando por comer estas comidas produce una sobrecarga de células grasas que vierten grandes cantidades de productos químicos pro-inflamatorios, lo que se suma a las lesiones causadas por los altos niveles de azúcar en sangre. El proceso que comenzó con un pastel se convierte en un círculo vicioso que con el tiempo generaenfermedades cardíacas, hipertensión arterial, diabetes, y por último, Alzheimer, si el proceso inflamatorio continúa.

No se escapar del hecho de que cuanto más alimentos procesados consumimos, más se dispara la inflamación poco a poco cada día. El cuerpo humano no puede procesar, ni fue diseñado para consumir, alimentos envasados con azúcar y remojados en ácidos grasos omega-6.

No hay otra solución para disminuir la inflamación que consumir alimentos lo más cercano posible a su estado natural. Para reconstruir músculos, consume más proteínas. Elige carbohidratos complejos, tales como los presentes en coloridas frutas, verduras. Reduce o elimina el consumo de los ácidos grasos omega-6 que causan inflamación, tales como el aceite de maíz y soja, y los alimentos procesados que se han elaborado con estos aceites.

Una cucharada de aceite de maíz contiene 7,280 mg de ácidos grasos omega-6; la soja 6,949 mg. En vez de eso, utiliza aceite de oliva o mantequilla, procedente de animales alimentados con pasto.

Las grasas animales contienen menos del 20% de omega-6 y son mucho menos propensas a producir inflamación que los aceites poliinsaturados, supuestamente saludables. Olvida la “ciencia” que te han metido en la cabeza por décadas. La ciencia que las grasas saturada por sí solas producen enfermedades cardíacas no es cierto. La ciencia que las grasas saturadas aumentan el colesterol es también muy débil. Desde que sabemos que el colesterol no es la causa de enfermedades cardíacas, la preocupación por las grasas saturadas es aún más absurda hoy en día.

La teoría del colesterol llevó a recomendar alimentos sin o con poca grasa, lo que trajo consigo la creación de los alimentos que están causando esta epidemia de inflamación. La medicina convencional cometió un tremendo error cuando aconsejó a la gente que evitara las grasas saturadas en favor de los alimentos ricos en ácidos grasos omega-6. Ahora tenemos una epidemia de inflamación arterial, la que conduce a enfermedad cardíaca y otros asesinos silenciosos.

Lo que puedes hacer es elegir alimentos no elaborados. Eliminando los alimentos que producen inflamación y añadiendo los nutrientes esenciales presentes en los alimentos frescos no procesados, revertirás años de daño en tus arterias y en todo su cuerpo casuado por el consumo de la típica dieta americana.


Dr. Dwight Lundell es jefe del Servicio de Cirugía Coronaria en el Banner Heart Hospital, Mesa, AZ. Recientemente dejó la cirugía para centrarse en el tratamiento nutricional de las enfermedades cardíacas. Es el fundador de Healthy Humans Foundation, que promueve la salud humana mediante un enfoque que ayude a las Corporaciones a promover la salud. Es también autor de The Cure for Heart Disease y The Great Cholesterol.

                   

sábado, 29 de agosto de 2015

La sexta extinción


"...Aportando pruebas científicas irrefutables, Leakey y Lewin demuestran que la sexta extinción ha empezado ya: cada año, el hombre barre de la faz de la Tierra a trescientas especies vivas. Y esta extinción amenaza al planeta entero, incluida la especie Homo sapiens… Si no empezamos a tomar conciencia de las consecuencias devastadoras de nuestra conducta rapaz y aniquiladora, irremisiblemente la especie humana caerá (tras el mastodonte, el alca gigante, la paloma migradora y sus demás víctimas) en el olvido de la extinción."


   

Todos vamos a morir, sí, Rothschilds y Rockefellers incluidos, por más que desayunen oro monoatómico y hagan sus brunchies con vichysoisse de nonato deconstruido. Todos toditos la palmaremos un día. Y yo me pregunto ¿Por qué no le hacemos un favor al mundo y nos morimos todos a la vez? Podría ser divertido ¿Probamos? Venga: diez...nueve...ocho...



  



La Profecía

No soportaba las fiestas de la Conmemoración, le aburrían especialmente las batallitas de sus abuelos. Todos los años contaban cómo habían sobrevivido al Gran Resplandor y al Viento Maligno. La abuela, además, con ese carácter suyo tan extrovertido conseguía sacarle los colores, siempre; tenía esa habilidad.

Mientras el resto de la familia escuchaba atentamente la misma batallita una y otra vez, Chris siempre ponía alguna excusa para largarse de la habitación cuando la abuela contaba con todo lujo de detalles las sesiones maratonianas de sexo atlético con el abuelo, contado de forma explícita. Demasiada información para él. La charla proseguía siempre por los mismos derroteros y Chris volvía al cabo de un rato, cuando el resto de los miembros más ancianos del clan contaban la forma en la que ellos habían sobrevivido y cómo la sobreabundancia de alimentos y las condiciones medioambientales les habían impulsado a tener una descendencia cada vez más longeva, fuerte y numerosa.

Si todo seguía por sus cauces habituales, después de la cena y la charla, la tradición mandaba que se celebrase la Gran Carrera de La Profecía. El día anterior a la celebración los más ancianos, quienes aún recordaban el acontecimiento, se reunían y escondían una gran pira de fuegos en algún lugar del barrio, y uno de ellos se encargaba de prenderle fuego en la noche siguiente tras la cena. La carrera se iniciaba inmediatamente después y todo el mundo debía ir a esconderse al lugar más apartado del fuego, en  el menor tiempo y lo más profundo bajo tierra y allí buscar una pareja, conocida o no daba igual, y aparearse desenfrenadamente.

Algunas generaciones  atrás la humanidad se había vuelto completamente loca y la escalada de agresiones con armas nucleares había sido total. Todos los países, ricos o no, disponían de armamento nuclear que terminaron usando los unos contra los otros. Las historias de los ancianos contaban que las cucarachas tenían una única profecía que decía que los humanos eran los dadores del "Elixir de la larga vida". Esta era la razón por la que las cucarachas seguían a la humanidad a donde quiera que fuese, a pesar de que les parecían unos seres repugnantes y sucios. La Profecía se había cumplido, la guerra nuclear había exterminado a todos los mamíferos sobre la faz de la tierra y las cucarachas habían ocupado el nicho de los humanos como especie dominante.


¡Feliz día de la Conmemoración! ¡Que tengas una buena Carrera de la Profecía! Se felicitaban unos a otros.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Clásicos de la conspiración - Tríada conspiranoica




Pilar Baselga, la autora del blog No Morir Idiota y de la conferencia del audio nos explica que: "...Idiota era en la antigua Grecia el ciudadano que no quería implicarse en la res pública. El idiota era un pasota y estaba muy mal visto porque no se implicaba en la gestión de la vida en común..."


"Pacto de silencio" de Andreas Faber-Kaiser


Y a petición del público (Pablo Heraklio) os dejo este audio de Antonio García-Trevijano, para hacer una tríada conspiranoica. 

lunes, 17 de agosto de 2015

Animación - Los Nadies


  
Los Nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día
llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy,
ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen
y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie,
los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados,
corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos,
rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones,
sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos,
sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal,
sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies,
que cuestan menos que la bala que los mata.

Eduardo Galeano